En el siglo I hay en la ciudad de Éfeso (hoy Turquía, en
el Egeo) una comunidad cristiana tan relevante como para que aparezca entre las
cartas a las iglesias del Apocalipsis. Es una minoría en una ciudad con otros
valores dominantes. Vive entre conflictos y se configura en modo resistencia.
También tiene que lidiar dentro con propuestas de pacto o arreglo impulsados
por “falsos profetas”. La comunidad y sus gentes adquieren costumbres, hábitos
que la posicionan con identidad propia frente a personas ajenas y frente a
quienes desde dentro quisieran alejarla de su fe. La institucionalización
funciona. Pero el autor del escrito advierte: “pierdes tu amor del principio”.
La normalización de la identidad comunitaria vence enemigos y evita desvíos,
pero pierde capacidad de contraste y de amor. No sólo en Éfeso. No sólo en el
cristianismo.
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domingo, 5 de agosto de 2018
Contraste y amor
En el siglo I hay en la ciudad de Éfeso (hoy Turquía, en
el Egeo) una comunidad cristiana tan relevante como para que aparezca entre las
cartas a las iglesias del Apocalipsis. Es una minoría en una ciudad con otros
valores dominantes. Vive entre conflictos y se configura en modo resistencia.
También tiene que lidiar dentro con propuestas de pacto o arreglo impulsados
por “falsos profetas”. La comunidad y sus gentes adquieren costumbres, hábitos
que la posicionan con identidad propia frente a personas ajenas y frente a
quienes desde dentro quisieran alejarla de su fe. La institucionalización
funciona. Pero el autor del escrito advierte: “pierdes tu amor del principio”.
La normalización de la identidad comunitaria vence enemigos y evita desvíos,
pero pierde capacidad de contraste y de amor. No sólo en Éfeso. No sólo en el
cristianismo.
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miércoles, 1 de agosto de 2018
Mujer extranjera
Presenta el evangelista Marcos una escena sorprendente:
una mujer, extranjera para más inri, enmienda la plana al Señor del
cristianismo. Él asegura que su misión se circunscribe al pueblo de Israel; ella
llama la atención con una metáfora humilde (perros que comen de lo que cae de
la mesa de sus amos) sobre la necesidad de una atención más amplia. Una de las
señas del cristianismo será su catolicidad, es decir, su universalidad: todos
los pueblos, todas las gentes, todas las razas, hombres y mujeres, ricos y
pobres. La universalidad del cristianismo no proviene de la herencia de los
patriarcas; ya está apuntada en algunas interpretaciones de los profetas; pero
se hace narración en esta mujer sirofenicia que corrige al que Juan
denominará el “Logos”. El feminismo tiene en la teología un arma cargada de
futuro. Ella, extranjera, cambia el relato.
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