La vida líquida, el continuo fluir, no sólo quita suelo a
toda pretensión de permanencia, sino que, además, va rápido. Por eso, el temor principal que toca a todo ser humano
de nuestra civilización es el miedo a quedar obsoleto (Bauman). Lo obsoleto es
descartable. La respuestas son múltiples: determinar cuáles son los nuestros,
de los que no defendernos (al menos provisionalmente), esforzarnos en excluir a
quienes podrían mover nuestra silla y, sobre todo, acelerar, ir más rápido
(Byung-Chul Han, “La sociedad del cansancio”, 2010). La adecuación a los
cambios exige un ritmo cada vez más rápido. Las TIC no suponen más tiempo para
el descanso, sino el aumento de la productividad: hacer más en menos tiempo, ir
más rápido. ¿Cómo hacer de la tecnología empoderamiento y participación? Loyola
pide: personas capaces de mortificación.
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martes, 28 de agosto de 2018
Mortificación
La vida líquida, el continuo fluir, no sólo quita suelo a
toda pretensión de permanencia, sino que, además, va rápido. Por eso, el temor principal que toca a todo ser humano
de nuestra civilización es el miedo a quedar obsoleto (Bauman). Lo obsoleto es
descartable. La respuestas son múltiples: determinar cuáles son los nuestros,
de los que no defendernos (al menos provisionalmente), esforzarnos en excluir a
quienes podrían mover nuestra silla y, sobre todo, acelerar, ir más rápido
(Byung-Chul Han, “La sociedad del cansancio”, 2010). La adecuación a los
cambios exige un ritmo cada vez más rápido. Las TIC no suponen más tiempo para
el descanso, sino el aumento de la productividad: hacer más en menos tiempo, ir
más rápido. ¿Cómo hacer de la tecnología empoderamiento y participación? Loyola
pide: personas capaces de mortificación.
Etiquetas:
Bauman,
Byung-Chul Hang,
Cansancio,
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lunes, 4 de junio de 2018
Comunicación frustrada
A la brecha tecnológica se responde con alfabetización digital. La
tecnología de la comunicación y la información muta en tecnología del
aprendizaje y el conocimiento y afronta rupturas sociales. Nos cuestiona el
ruido (cómo vamos a distinguir las voces de los ecos) y también la extraña
temporalidad de lo digital (rápido y, sin embargo, permanece imborrable en el
buscador de google y en los mensajes que “wasap” socializa). Necesitamos el
señorío sobre nuestros propios mensajes, con profundidad previa y
responsabilidad posterior a la emisión. Necesitamos discernir la pertinencia y
credibilidad del mensaje con emisor anónimo en la red. Al principio era la
Palabra (Juan). La historia posterior muestra que intereses y malos entendidos
pueden frustrar la comunicación, por muy sólidos que sean los contenidos y por
muy sagrados que sean los formatos.
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