De Platón a Foucault va “Temperamentos filosóficos”. Tras
los dos clásicos griegos, aborda a Agustín. Después: el Renacimiento. Nada por
medio. Todo lo pensado durante la Edad Media, que venera a Aristóteles (“el
filósofo”), no es temperamento filosófico –para Sloterdijk-. Para el autor de
“Temperamentos filosóficos”, el de Hipona degrada el amor como recuerdo de lo
bello y lo bueno (Platón) al ver un humano mancillado por herida incurable. No
hay ascenso mediante el pensar hacia la Verdad/Bondad. Queda la gracia
otorgada. Concluye que la razón agustiniana conduce “a la catástrofe cristiana
de la filosofía”. Si Dios está por medio, ya no hay filosofía y el amor no
salva. El esfuerzo del pensamiento sólo es filosofía si prescinde del intento
de tematizar la trascendencia. Catástrofe es la añoranza de lo absolutamente
Otro.
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jueves, 23 de agosto de 2018
Sin filosofía en el medievo
De Platón a Foucault va “Temperamentos filosóficos”. Tras
los dos clásicos griegos, aborda a Agustín. Después: el Renacimiento. Nada por
medio. Todo lo pensado durante la Edad Media, que venera a Aristóteles (“el
filósofo”), no es temperamento filosófico –para Sloterdijk-. Para el autor de
“Temperamentos filosóficos”, el de Hipona degrada el amor como recuerdo de lo
bello y lo bueno (Platón) al ver un humano mancillado por herida incurable. No
hay ascenso mediante el pensar hacia la Verdad/Bondad. Queda la gracia
otorgada. Concluye que la razón agustiniana conduce “a la catástrofe cristiana
de la filosofía”. Si Dios está por medio, ya no hay filosofía y el amor no
salva. El esfuerzo del pensamiento sólo es filosofía si prescinde del intento
de tematizar la trascendencia. Catástrofe es la añoranza de lo absolutamente
Otro.lunes, 22 de enero de 2018
Ideología del progreso
Eagleton dedica el primer capítulo de su libro (“Esperanza sin optimismo”, 2015) a mostrar lo que denomina optimismo banal. Lo hay puramente sentimental o emotivo, que imagina que todo saldrá bien sólo porque siempre siente que todo debe salir bien; sin más razones. Hay también un optimismo racional que encuentra siempre motivos que justifican su teoría de la bondad de todo lo que acontece. El caso Leibniz es, a juicio de Eagleton, el de un optimismo metafísico: vivimos en el mejor de los mundos posibles. Esa postura merecerá la respuesta del “Cándido” de Voltaire. Eagleton repasa otros casos. Su análisis del optimismo vacío presenta también la ideología del progreso (la humanidad siempre progresa hacia un mundo feliz) que se sostiene ignorando las heridas y que puede ser coherente con esa cultura que globaliza la superficialidad.
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