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miércoles, 22 de mayo de 2019

¿Para qué sirve la filosofía?


Nos muestra Daniel Barreto (entrevista radiofónica en ECCA, 20 de mayo) que la pregunta “¿para qué sirve la filosofía?” es síntoma de su propia necesidad: debemos precisamente cuestionar el utilitarismo de nuestra actitud vital. Ni Aristóteles ni Hipatia de Alejandría hubieran entendido la pregunta por la utilidad de la misma. Para la filosofía clásica, el pensamiento es constitutivo de la propia realidad humana. De hecho, nuestra vida está llena de filosofía o deja de ser vida. Hacemos filosofía cuando hablamos de economía o de felicidad, del sentido de nuestra labor educativa o del trabajo que hacemos, de la participación en la vida política o el misterio que arroja la investigación espacial. Hacemos filosofía cuando dialogamos sobre los límites de la vida y los comportamientos éticos propios de la medicina o la investigación. La filosofía cuestiona y pregunta. Nos recuerda Daniel Barreto que la filosofía surge del asombro. El asombro apunta siempre al misterio. Caffarena escribe “El enigma y el misterio”: los enigmas pueden resolverse agudizando el ingenio, el misterio no tiene solución, pero cabe pedirle al lenguaje que nos lo muestre.

jueves, 11 de abril de 2019

Ser y pensar


Quizás la metafísica solo es posible si hay verbo ser. Sin la pregunta por el ser, no hay filosofía. La lengua griega es cooperante necesaria para el pensamiento occidental. La teología como reflexión racional sobre la fe necesita no sólo de la historia narrativa de Jesús, el Cristo, sino también de la cultura griega y su filosofía. Sin Platón, no es posible Agustín; sin Aristóteles, no es posible Tomás. Dyson (“El científico rebelde”, 2006) contrapone la conferencia de Feynman (1963) con la de Polkinghorne (1996): el primero aprecia la religión sin la arquitectura de la razón. El segundo aprecia el esfuerzo teológico que adecua la fe al mundo del siglo XX. El primero no necesita indagar en la naturaleza del Cristo para confirmar su impulso libertador. El segundo siente que la razón científica y teológica son la liberación que trae aquel judío marginal.

lunes, 8 de abril de 2019

La catástrofe


De Platón a Foucault camina Sloterdijk en “Temperamentos filosóficos”. Tras los dos clásicos griegos, aborda a Agustín. Después, el Renacimiento. Sostiene que en la Edad Media, donde se cita a Aristóteles como “el filósofo”, no se encuentra temperamento alguno que pueda denominarse filosófico. No es extraño, pues, para Sloterdijk, el de Hipona degrada el amor como recuerdo de lo bello y lo bueno (Platón) al proponer un ser humano mancillado por una herida incurable. No hay ya ascenso mediante el pensamiento hacia la Verdad. Todo queda en gracia otorgada. Concluye que el pensamiento agustiniano conduce “a la catástrofe cristiana de la filosofía”. Si Dios es pensado, ni hay filosofía ni el amor salva. Parece que el esfuerzo del pensamiento sólo es filosofía si prescinde de la trascendencia. Sloterdijk llama catástrofe al mirar al Otro.

viernes, 12 de octubre de 2018

Las viejas cuestiones

Recibo casi todo lo que soy. Dice el viejo refrán: “Nada nuevo hay bajo el sol”, siguiendo a Qohelet. El adagio literario sostiene que quien cuenta bien su pueblo, cuenta la humanidad. Parece que todo lo por aprender, ya estuviera, de alguna manera aprendido. En el siglo XIII, un franciscano cercano a la corte francesa, Gilbert de Tournai sostiene: “Jamás alcanzaremos la verdad si nos contentamos con lo ya encontrado. Los que escribieron antes que nosotros no son nuestros señores sino nuestros guías”. De hecho, ni Avicena, ni Averroes, ni Mosé ben Maimón, ni el propio Tomás de Aquino se limitan a copiar o reproducir lo recibido de Aristóteles o Platón o alguno de sus comentaristas (Martínez Lorca, “Filosofía medieval”, 2015. Sin embargo, las viejas cuestiones planteadas por los griegos, ¿no siguen correteando entre telescopios, corazones y ecuaciones?

jueves, 23 de agosto de 2018

Sin filosofía en el medievo


De Platón a Foucault va “Temperamentos filosóficos”. Tras los dos clásicos griegos, aborda a Agustín. Después: el Renacimiento. Nada por medio. Todo lo pensado durante la Edad Media, que venera a Aristóteles (“el filósofo”), no es temperamento filosófico –para Sloterdijk-. Para el autor de “Temperamentos filosóficos”, el de Hipona degrada el amor como recuerdo de lo bello y lo bueno (Platón) al ver un humano mancillado por herida incurable. No hay ascenso mediante el pensar hacia la Verdad/Bondad. Queda la gracia otorgada. Concluye que la razón agustiniana conduce “a la catástrofe cristiana de la filosofía”. Si Dios está por medio, ya no hay filosofía y el amor no salva. El esfuerzo del pensamiento sólo es filosofía si prescinde del intento de tematizar la trascendencia. Catástrofe es la añoranza de lo absolutamente Otro.

martes, 17 de abril de 2018

Tomás de Aquino

Cuando Foucault dice que el “ser humano” es una creación del siglo XIX, ¿supone que no existía un concepto más o menos universal de humanidad en la cultura occidental? En el s. XIII, para Aquino todas las personas forman parte de la “clase de cosa” que es  “humana”: sólo la presencia de determinadas cualidades materiales y racionales (espirituales) justifican predicar el carácter humano de una realidad. Sustancia, accidente, materia y forma, entre otros, son términos con los que Aquino intenta dar cuenta de nuestra experiencia del mundo. Kopleston SJ (Aquino, 1995) lo dibuja como una síntesis con tres patas: la filosofía del sentido común (las cosas son lo que son); el empeño aristotélico de poner palabras al fundamento real de nuestro conocimiento; y, finalmente, la confianza en la trascendencia de nuestra Historia. Todo un programa.

lunes, 16 de abril de 2018

Las causas del Ser


La metafísica no es un paso ulterior de hipótesis empíricas a partir de otras hipótesis empíricas, las de la ciencia (Kopleston, Tomás de Aquino, 1995). Quiere hablar del ser en cuanto ser… y no en cuanto ser una cosa u otra. La metafísica indaga las causas del Ser (Aquino sigue a Aristóteles). Para el Círculo de Viena, esta reflexión choca con que el análisis muestra el vacío de la expresión “ser en cuanto ser”: así que de lo que no se puede hablar, mejor callar. Los existencialismos superan la metafísica porque entienden que no hay ser que no venga determinado en un modo de ser: la existencia precede a la esencia. Los estructuralismos muestran que el ser se disuelve en relaciones rígidas de las que su apariencia emerge. Si no encontramos otro camino, filosofar equivale, pues, puramente a conversar. Se amplía el aroma de la superficialidad.