lunes, 21 de septiembre de 2020

Contra la banalidad (3), a propósito de Joseph Moingt SJ

También ahora, sentimos la tentación de despachar la crisis actual, que es más que una crisis sanitaria, con el discurso del surfeo y el argumentario de la autoayuda. Es una tentación que se justifica desde la practicidad y lo culturalmente asumible en tiempo de redes, imágenes y twits. Pero quizás, ante la perplejidad que nos deja la crudeza del dolor, este tiempo requiere el valor de Moingt que, con noventa y dos años, tras publicar sus grandes libros, escribe: “...me preguntaba no solo si había encontrado las soluciones correctas, sino también si me había planteado las cuestiones adecuadas, si había llegado al fondo de los problemas”. Esa honestidad es admirable. Ahora que todas las instituciones, incluidas, por supuesto, las comunidades de sentido que son las Iglesias, deben remirar sus discursos, nos toca preguntar no solo por las soluciones que hasta ahora parecían válidas, sino también por las propias preguntas formuladas y aquellas que ni siquiera nos hicimos. 

viernes, 18 de septiembre de 2020

Contra la banalidad (2), a propósito de Joseph Moingt SJ


Quizás Moingt SJ no ve la salvación como propiedad del cristianismo aunque, como teólogo católico, afirme el carácter del Cristo como única presencia de la plenitud de Dios.  En realidad, muy en resumen, a juicio de Moingt, la fe cristiana propone que la salvación consiste en que Dios crea a las personas a su imagen para conformar su familia. Se trata de una convicción que precede a la historia del nazareno y que se encuentra, alentada por el Espíritu, en muchas culturas y personas. Por otro lado, la verdad cristiana, que Cristo nos salva, no es el final de toda búsqueda para la Iglesia. En términos de Moingt, esta verdad “no la encierra (a la Iglesia) en lo que en ella se dice, sino que está siempre en la búsqueda de lo que Él (Dios) revela directamente al Espíritu…”.  No es que estemos a la búsqueda de otra verdad, pero sí tras un mejor saber de aquello a lo que el pueblo cristiano llama Reino de Dios: una humanidad fraterna y reconciliada. Es a eso a lo que denominamos salvación. Es por eso por lo que entendemos al Cristo como salvador: porque vivió y murió como ciudadano de ese Reino. Sin embargo, en cierta laicidad eurocéntrica, hija por otro lado del humanismo cristiano, parece dominar la convicción de que no necesitamos salvación.

En la presentación de “Creer en el Dios que viene” (2007), Moingt nos cuenta cómo se puso en marcha el deseo de escribir aquel libro: un programa radiofónico veraniego que diserta con banalidad, “como para burlar el aburrimiento”, sobre las preguntas de la fe, la espiritualidad y la teología. Desde mi experiencia, sé que también la radio es medio para la profundidad sobre las cuestiones que siempre han ocupado a la humanidad. Ejemplo paradigmático es el diálogo entre Bertrand Rusell y Frederic Copleston en la BBC de 1948. Y con modestia, los programas Diálogos de medianoche y Diálogos con la filosofía de nuestra emisora educativa (ECCA). Pero en este tiempo, descrito por Byung-Chul Han como “sociedad del cansancio”, no me extraña que ante aquella emisión, Moingt exclame: “Es un triste espectáculo, desde el punto de vista del respeto que se debe a la razón humana, ver a unos espíritus superficiales, apoderarse de los temas más serios”.


Contra la banalidad (1), a propósito de Joseph Moingt SJ

 El calor del verano, en el que se aligeran las ropas y los pensamientos, es mala ayuda para afrontar una crisis, la de la Covid, que va mucho más allá de los problemas sanitarios planteados. La sensación de que el suelo se nos mueve y que todo fundamento pasa al desconcierto se va incorporando al espíritu de nuestra época.  Durante este tiempo de espiritualidades surfistas y de múltiples libros de autoayuda, quizás sea ir a contracorriente proponer la relectura de las grandes preguntas sobre el sentido de nuestra vida. Por eso, no me pasa desapercibida la noticia, en la estela de la Covid, que nos llega desde París: el fallecimiento del teólogo jesuita Jospeh Moingt SJ.  Muere con 104 años, en la víspera de la fiesta de San Ignacio de Loyola, el 30 de julio, dos años después de la publicación de “L’esprit du christianisme”. Es su testamento intelectual que muestra el espíritu del cristianismo en su orientación antropológica: no es que el cristianismo sea dueño del espíritu o pretenda exclusividad sobre el mismo. En sus propias palabras (así nos lo dice en la introducción del libro), “...eso es lo que significa el título de este libro: no reivindicación de propiedad, sino hacer partícipe de un bien común y una llamada a la entreayuda”. Como hombre que desarrolla su pensamiento en la Europa del último tercio del siglo XX y las dos primeras décadas del actual, Moingt SJ no parece sentirse tan desafiado por la opresión y la injusticia como los teólogos de la liberación, sus contemporáneos, en el contexto de Latinoamérica. Más bien, su indagación se centra en la palabra que Jesús significa para la generación del pluralismo y del bienestar, esa que, probablemente, no siente la necesidad de ser salvada (ni liberada), pues encuentra la salvación en el desarrollo económico, psicosocial y cultural de occidente. Por eso, al Cristo que vive y muere en Palestina y del que la fe cristiana asegura que “ha de volver”, Moingt pregunta: ¿de qué me has de salvar? ¿Para qué has de volver?


lunes, 24 de junio de 2019

Alteridad

La dialéctica entre el amo y el esclavo, descrita por Hegel, señala que el uno sólo se reconoce a sí mismo por la presencia del otro. No hay amo sin esclavo. Si quiero autoafirmarme como sujeto, quienes me limitan son, sin embargo, necesarios para esa autoafirmación. Sin los otros, no estoy yo. De Beauvoir utiliza este concepto de alteridad para explicar el origen de la desigualdad entre hombres y mujeres: en la autoafirmación de los hombres (que culmina en un androcentrismo que identifica lo masculino con humanidad) el papel de las mujeres es ser “otra”: la alteridad para la autoafirmación. Nos explica Cristina Sánchez (“Del deseo al sexo”, 2016): “si la mujer es la Otra, Beauvoir se pregunta por las posibilidades de negarse a ser la Otra”. Para eso, es necesario un “nosotras” que las mujeres no han usado históricamente, invisibilizadas como colectivo histórico. La sentencia según la cual la existencia precede a la esencia muestra, por tanto, que la feminidad es una alteridad generada de la autoafirmación de los hombres.

jueves, 20 de junio de 2019

La vejez

La muerte como horizonte de sentido es temática reincidente en los tres últimos libros de Simone de Beauvoir. Así lo refleja Cristina Sánchez (“Del deseo al sexo”, 2016): “La vejez” (1972), “Final de cuentas” (1974) y “La ceremonia del adiós” (1981). La muerte no es un hecho natural, puesto que la participación humana lo hace devenir en cultura. Al hablar de la vejez De Beauvoir se muestra a sí misma. Deconstruye una imagen que culturaliza el avance de los años como “tercera edad” para afirmar que, finalmente, la sociedad contemporánea trata a los “viejos” como a parias. Han pasado casi 50 años de aquel libro y se han hecho numerosos avances en gerontología y nuestra esperanza de vida supera los ochenta años. Pero nuestro imaginario cultural se debate entre el ideal de eterna juventud (envejecimiento activo) y la negación (invisibilidad de la vejez que conduce a la muerte). Observamos a diario la muerte como espectáculo (telediario o teleseries) y ocultamos a la persona envejecida limitando cada vez más nuestro estrecho concepto de vida plena.

miércoles, 19 de junio de 2019

Sociedad del conocimiento

Nuestro bienestar material está amenazada en el sin barreras de un mundo globalizado: deslocalización y desempleo; del mismo modo, el medioambiente genera incertidumbre; el crecimiento poblacional presiona con más fuerza en los ecosistemas y apunta a una convivencia más conflictiva. Las incertidumbres parecen exorcizarse con el horizonte utópico de la sociedad del conocimiento con la que apuntamos al futuro con esperanza. Brey nos recuerda el origen económico de la expresión: en los 70, la tríada del capitalismo (tierra, trabajo, capital) añade otro factor: el conocimiento. Pasamos de “la información es poder”, en el contexto de la guerra fría, a “el conocimiento es riqueza”. Las TIC serían los instrumentos necesarios para el nuevo mercado, como la plaza del pueblo, el registro de la propiedad o la bolsa de valores lo han sido hasta ahora. La utilidad para generar riqueza es el elemento determinante en la comunicación y el conocimiento. Entonces, ¿en qué sentido, si alguno tiene, la sociedad del conocimiento es realmente un horizonte de esperanza?

Diversidad y asombro

Nuestras vidas están llenas de diversidad. Como anuncian los clásicos, la filosofía comienza con el asombro. La diversidad provoca asombro, perplejidad, desconcierto. Diferencias culturales, psicológicas, biológicas, étnicas… que se concretan en la vida cotidiana en modos de pensar diversos, diferentes maneras de entender la vida, la misión, la tarea. Las diferentes posiciones políticas reflejan una sociedad que se siente mucho más diversa de lo que las instituciones, normalmente, pueden encausar. Diferencia en los intereses y en los gustos. En ocasiones, esto provoca un efecto comunitarista: el retorno a los míos, a sus valores de siempre, a los lugares sagrados e intocables. La diversidad -que seguirá presente incluso en los contextos más uniformados- puede provocar ruptura, división, alejamiento. En términos morales, egoísmo. En términos teológicos, pecado. Pero esa misma diversidad, integrada (más allá de Babel) es ocasión para el asombro, la admiración, la filosofía.

lunes, 17 de junio de 2019

Cambios en la comunicación

Brey (“La sociedad de la ignorancia y...”, 2009) cita a Watson (en The Guardian en 2005) para que sospechemos del valor del tiempo en que vivimos. Para Watson 1808, 1908 o 2008 son básicamente iguales. Tienen la misma estatura histórica para la humanidad. Brey nos examina desde dos parámetros de innovación: la capacidad de intervenir en el medio (la aparición de herramientas, las innovaciones del neolítico, la agricultura y la industrialización) y la capacidad de comunicarnos (el lenguaje, la invención de la escritura, la imprenta y los demás medios de masas). La comunicación tiene dos esquemas: la comunicación persona a persona, bilateral, el de la conversación hablada o el intercambio de mensajes escritos (correos) o sonoros (teléfono), y la comunicación unidireccional que aparece en el epistolario para comunidades, los libros, la radio o la televisión. Nuestro tiempo es nuevo porque introduce un nuevo modo de comunicación: el de caca cual con cada cual y, a la vez, el de la mutitud con la multitud.

domingo, 16 de junio de 2019

La belleza de la diversidad


“Soy cristiano”, afirma K, transexual, a la vez que sostiene: “La Iglesia nos ha hecho mucho daño”. En el que, todavía hoy quizás podamos denominar “mundo católico”, la Iglesia como institución es la portadora (más que creadora) de valores y códigos que regulan lo moralmente aceptable de su entorno social. Ese entorno cambia y la Iglesia también. Otros agentes, otras perspectivas erosionan la reificación de valores plenamente conseguida y la hacen arena que se dispersa en el mar. Al caer los valores, por ágil que pueda ser la institución, también ella sufre, se erosiona, se hace arena. Sin embargo, es reclamada como refugio de quienes se resisten a las nuevas propuestas. El mundo LGTBI, el mundo de la diversidad sexual, sigue condenado en contextos no necesariamente eclesiales, sin embargo su presencia ya está provocando una tolerancia pasiva importante (cada cual a lo suyo). Quizás algún día, quizás pronto, su mensaje en positivo: la belleza de la diversidad.

miércoles, 12 de junio de 2019

¿Dónde estamos?

Estamos en un punto azul pálido que gira en torno a una estrella mediana en un ramal de estrellas no muy central de una galaxia no grande entre cientos de miles. Nuestra familia, nuestras asociaciones e instituciones, nuestra sociedad, nuestra historia de ayer, de antes de ayer, de hace miles de años, de hace cientos de miles de años, nuestros sueños de ahora y para el futuro… todo tiene lugar en ese pequeño puntito en la inmensidad, en el inconmensurable misterio de Dios y su creación. Todas las personas, toda nuestra diversidad, cada país, cada región, cada ciudad; tanta injusticia brutal y tanto amor desmedido… está y acontece en la epidermis (biosfera) de ese planeta. Nuestras grandiosas palabras, nuestras obras de arte, nuestros discursos apabullantes, nuestros enfrentamientos y discordias, nuestras guerras y cada gesto de cariño, junto a otras y otros, todas y todos en el mismo lugar, todas y todos en la Casa Común.

martes, 11 de junio de 2019

Autoayuda y menos

“Alabar, hacer reverencia y servir” señala Loyola en el siglo XVI como sentido de la existencia humana. Es un éxodo de nuestro “propio amor, querer e interés”. Propone todo un itinerario para afrontar este destino (los Ejercicios Espirituales) que, son así, una escuela de libertad; aprenderemos a desengancharnos de todo lo que nos impide el camino de la gratuidad, el respeto y la disponibilidad. Aprenderemos a afectarnos por quien nos invita a caminar con Él y como Él en una causa de justifica y amor: reconciliar a la humanidad con ella misma, con la creación entera y con Dios. Aparece muy lejos de los manuales de “autoayuda” donde toda la estrategia parece centrarse en el individuo, no en la comunidad, y en sus potencialidades limitadas por la sociedad en la que vive. La “autoayuda” trastoca el éxodo en ensimismamiento. Lejos del reconocimiento de los propios límites y la necesidad de las demás personas, la autoayuda invita a la propia plenitud sin los demás: no siempre una mente plena es ayuda.

lunes, 10 de junio de 2019

De dónde venimos

Leyendo a Loyola y a Pablo Guerrero (“Convertirse es ser atraído”, 2019) vengo (venimos) del trabajo cotidiano (la viña en términos evangélicos). Venimos de un territorio plagado de misión y de tareas. No estamos solos. Codo a codo conmigo, a mi lado, por delante mía, desde arriba, desde atrás, desde abajo, otras personas que hacen, empujan, realizan, lideran, promueven, acogen. La misión siempre es compartida. Venimos, sin embargo, en Babel: desterrados y sin hogar nos sentimos no pocas veces en este pequeño planeta azul pálido en la inmensidad. También venimos de Egipto, sujetos a mil esclavitudes que, en ocasiones, ni siquiera reconocemos como tales: las que impone el sistema, las que tienen forma de pulsiones o miedos interiores, las que nos ponen quienes conviven en nuestro entorno. Pero si estamos aquí es porque también estuvimos en el Tabor y, como aquel Pedro, deseamos poner tiendas junto a la Palabra de la Vida: la que hemos visto, la que tocaron nuestras manos.

domingo, 9 de junio de 2019

Acción


La persona solo es… actuando (De Beauvoir, “Para qué la acción”, 1944). El consejo inspirado en la prudencia de Cineas, cuando el rey Pirro se propone la conquista de Italia, está enfrentado a la vocación humana que se construye al afirmarnos como seres que actúan. Nos hacemos al hacer. Pero la propia De Beauvoir aterriza su reflexión en el situacionismo: nuestra libertad trasciende, pero lo hace situada. Cristina Sánchez (“Del sexo al género”, 2016) nos presenta a De Beauvoir atada a la ambigüedad: nos pensamos como conciencias, pero conciencias en el mundo. El existencialismo nos lanza a la acción. Setenta años después, la acción se muestra como sentido único de sí misma. Estamos en un hacer por hacer. La disputa entre Pablo y Santiago, fe y obras, se repite al llegar al tercer milenio. Dada la velocidad de nuestro sinsentido, más que una acción que nos autoconstruye, parecemos necesitar una parada que nos abra a tanto don recibido.