jueves, 2 de mayo de 2019

Dios como excusa

La existencia de grupos fanáticos o fundamentalistas que invocan a Dios como justificante de su acción violenta dio lugar a la reflexión casi irónica de Gilles Kepel con el título de “La venganza de Dios” en 1989 en Francia. El poderío de la justificación religiosa no apunta, sin embargo, a la hondura de una verdadera teología y menos a la ira de Dios (Sloterdijk, “Ira y tiempo”, 2005). Dios, a juicio de este autor, no es el asunto del que se habla y, por tanto, tampoco de las notas que lo describen. Dios sería, más bien, la excusa para las respuestas violentas al conflicto identitario y social en curso. Probablemente, sin embargo, es desmesurado concluir que no hay noticias de Dios, o que Dios no es el asunto de la vida y la historia de muchas personas. Ni siquiera parece que sea razonable concluir que de Dios no se puede pensar y, mucho menos, hablar. Quizás se pueda dar la vuelta al argumento: la violencia fanática es la excusa que se da mucha gente para explicar el Misterio que nuestra tradición llama Dios.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Razón y teología

Que la teología vive tiempos de especial indigencia es el punto de partida de la reflexión de Caamaño en Razón y Fe de abril de 2019. Achaca la vulnerabilidad a la debilidad sociológica del sujeto colectivo de la razón teológica y a una cultura ambiental de la superficialidad y el cientismo. Esa que asegura que la ciencia y la tecnología son el principal agente de felicidad. Mantiene, sin embargo, la pertinencia del pensamiento teológico dada la relevancia de su objeto: la cuestión de Dios. Leo en El País, 25 de abril 2019, al autor que sostiene: “Dios no nos creó. Nosotros creamos a Dios”. Parece que Dios sigue vivo, a veces como objeto de discusión, más allá de las notas débiles de las instituciones religiosas. La teología se hace más necesaria cuando retroceden las iglesias y su carga normativa. Es el antídoto frente a todos los fundamentalismos emocionantes. Aunque Dios sea racionalmente inabarcable, si no damos razón de nuestra fe, campea a sus anchas el fantasma del fundamentalismo.

lunes, 22 de abril de 2019

Melancolía y filosofía


Nace como Anne Louis y, tras su matrimonio, Madame de Staël (De Martino y Bruzzese, “Las filósofas…”, 1994). Transita de la ilustración hacia el romanticismo. La filosofía es un pensar moral que nace de la melancolía. La melancolía a su vez proviene de la realidad finita de un alma que añora la eternidad. La buena filosofía es narrativa y la buena literatura es filosofía. Sin los límites no hay filosofía ni literatura. Dos siglos después, Byung-Chul Han (“La sociedad del cansancio”, 2010), insiste en que sin el momento del no, se hace imposible la belleza y la ética. De Staël atribuye a la religión y a la esperanza el poder de deprimir a la filosofía o a la literatura. Es como si la fe religiosa fuera un sí de plenitud y luz que oscureciera la sospecha, la búsqueda, la indagación y la frustración. ¿Acaso la experiencia religiosa del resucitado disuelve la cruz? Viene con heridas.

miércoles, 17 de abril de 2019

Mirar desde las víctimas


Saint-Simon publica “El nuevo cristianismo” y nace el socialismo romántico. Todavía no se habla de socialismo científico. El feminismo navega en esos tiempos de la mano de las propuestas no conservadoras. Lucretia Coffin Mot (“Las filósofas”, 1999), cuáquera, lidera las luchas contra la esclavitud, el derecho al voto de las mujeres y la paz. Va de la mano de las sufragistas. Mientras tanto, en la Francia de los 30, el hombre se va a la fábrica,  el proletariado crece y disuelve la familia. Flora Tristán se aleja de los socialistas románticos y quiere mirar la realidad desde las víctimas. Dos siglos después, el socialismo político mira desde la burguesía progresista como modo de acceso a mayorías de gobierno. El feminismo oscila entre lo cultural educativo (normas que apuntalan sus valores) y el liberalismo (ausencia de regulaciones sobre género). Es difícil mirar desde las víctimas.

martes, 16 de abril de 2019

El aeropuerto de Singapur


Piensa Eco, en 2011, que Serres es uno de los principales filósofos franceses del momento. De él toma su reflexión sobre los cambios que se dan en el mundo de la gente joven: no saben qué es una vaca y piensa que igual de artificial es la leche que la cocacola (¿y si tuvieran razón?). Viven en no lugares. Si van al campo, su refugio tiende a parecerse al aeropuerto de Singapur. Todo cambia en pantalla cada tres segundos. Del mismo modo, cambia el mundo y también el modo en el que lo pensamos y lo comunicamos. Asegura Eco que es un momento tan significativo como el de la invención de la escritura. Pero mucho más acelerado. Debemos reconocer que, sin embargo, ni previmos lo que se venía encima ni nos preparamos para encajarlo. Todo lo más, Eco lo sostiene, nos ponemos a acelerar, a ir más rápido, sin saber bien a dónde vamos.

lunes, 15 de abril de 2019

Usted, ¿para qué sirve?


Hace casi dos décadas se usa la expresión “inmigrante digital”. En un artículo de U. Eco de 2007 se relata que un estudiante sobrado pregunta a su maestra: “En tiempos de Internet, usted, ¿para qué sirve?”. En tiempos de Internet nadie hace la función que especialmente debería hacer  la maestra o el maestro: enseñarnos a separar el trigo de la paja. La acumulación de información en la red inutiliza nuestro discernimiento y nos devuelve al tango “Cambalache”: da lo mismo el sabio que el charlatán. La mentira repetida se hace indistinguible de la realidad (si es que todavía se hace aceptable tal término). Eco señala que lo que hace de una clase una buena clase no es la acumulación de datos, sino la discusión, el debate, la duda… Byung-Chul Han asegura que un ordenador mucho más potente que un ser humano no deja de ser tonto porque nunca duda.

domingo, 14 de abril de 2019

Ilustración y felicidad y una mujer


La ilustración tiene entre sus temas favoritos el de la felicidad. Sobre ella escriben Voltaire (Francia), Ferguson (Inglaterra), Lessing (Alemania), Muratori (Italia). En general, se indaga sobre la transición entre la felicidad personal y aquella que supone una condición social:  es la búsqueda de una sociedad feliz. También escribe Gabrielle Emile Le Tonnelier, marquesa de Châteliet: ser feliz es “…liberarse de los prejuicios, ser virtuosos, tener gustos y pasiones…”. Si reprimimos lo que sentimos, alejamos la felicidad de nuestro horizonte, afirma la autora. Me. Du Châteliet muere al dar a luz un hijo de Saint-Lambert. Su nombre debe asociarse a la recepción de Newton en Francia y a un intento de unir la física de este y a metafísica de Leibniz. Su nombre no aparece en los libros de texto que acompañan mi formación: es mujer.

jueves, 11 de abril de 2019

Ser y pensar


Quizás la metafísica solo es posible si hay verbo ser. Sin la pregunta por el ser, no hay filosofía. La lengua griega es cooperante necesaria para el pensamiento occidental. La teología como reflexión racional sobre la fe necesita no sólo de la historia narrativa de Jesús, el Cristo, sino también de la cultura griega y su filosofía. Sin Platón, no es posible Agustín; sin Aristóteles, no es posible Tomás. Dyson (“El científico rebelde”, 2006) contrapone la conferencia de Feynman (1963) con la de Polkinghorne (1996): el primero aprecia la religión sin la arquitectura de la razón. El segundo aprecia el esfuerzo teológico que adecua la fe al mundo del siglo XX. El primero no necesita indagar en la naturaleza del Cristo para confirmar su impulso libertador. El segundo siente que la razón científica y teológica son la liberación que trae aquel judío marginal.

miércoles, 10 de abril de 2019

Motivos para el fracaso


En 1972, Dyson escribe “El mundo, la carne y el demonio” a partir de un escrito del biólogo Bernal en 1929. Retoma el artículo en “El científico rebelde” (2006). Bernal cree que dominaremos gracias a la ciencia los desafíos de nuestro planeta, de la habitabilidad del espacio y de nuestros propios condicionantes personales y sociales. Dyson observa que el camino se tiñe de fracaso por el desacuerdo en los objetivos, la carencia de recursos y el miedo a equivocarnos. Sin embargo, muchos grandes proyectos avanzan. Dyson lo explica desde cualidades humanas: “…resistencia, valentía, generosidad, sentido común, previsión y buen humor”. Loyola lo formula así: no el mucho saber sino el sentir y gustar internamente. Para Loyola es gracia. Arrupe, en el 75, advierte: si paramos por miedo a equivocarnos, estamos en el peor error.

martes, 9 de abril de 2019

La carrera por el podio


En 1939, Hitler invade Polonia. La guerra impuso su lógica y los científicos quedan en sus bandos. Dyson (“El científico…”, 2006) afirma que se pierde la oportunidad de un diálogo sobre límites éticos de la visión nuclear. La discusión versa sobre el podio del descubrimiento lo que abre paso a Hiroshima. Contrapone el ejemplo de los biólogos (¿biólogas hubo?) que, en 1975, tras el descubrimiento del ADN, organizan un congreso en Asilomar para proponer las normas éticas de la investigación. No pasa lo mismo con Openheimer o Heissemberg. En Los Álamos desarrollan una carrera contra la física alemana que continúa incluso después de la victoria. Sólo un hombre, Roblat (polaco), abandona el proyecto. Muere con el Nobel de la Paz. Pero ya tenemos Hiroshiama y Nagazaki y tantas ojivas nucleares como para borrar la vida de la faz de la tierra.

lunes, 8 de abril de 2019

La catástrofe


De Platón a Foucault camina Sloterdijk en “Temperamentos filosóficos”. Tras los dos clásicos griegos, aborda a Agustín. Después, el Renacimiento. Sostiene que en la Edad Media, donde se cita a Aristóteles como “el filósofo”, no se encuentra temperamento alguno que pueda denominarse filosófico. No es extraño, pues, para Sloterdijk, el de Hipona degrada el amor como recuerdo de lo bello y lo bueno (Platón) al proponer un ser humano mancillado por una herida incurable. No hay ya ascenso mediante el pensamiento hacia la Verdad. Todo queda en gracia otorgada. Concluye que el pensamiento agustiniano conduce “a la catástrofe cristiana de la filosofía”. Si Dios es pensado, ni hay filosofía ni el amor salva. Parece que el esfuerzo del pensamiento sólo es filosofía si prescinde de la trascendencia. Sloterdijk llama catástrofe al mirar al Otro.

domingo, 7 de abril de 2019

El cansancio


¿Es el trastorno por déficit de atención e hiperactividad propio de nuestro tiempo? Frankl (“El hombre en busca de sentido”, 1945) pinta, tras la guerra, la neurosis de la ausencia de sentido. Es hijo de los existencialismos. El final de la metafísica, el holocausto, el conocimiento científico, la pequeñez de nuestras metas, la inercia del día a día llevan a la neurosis noógena. La terapia es un éxodo de sí mismo, una trascendencia hacia la otra persona, la otra realidad natural y, en última instancia, lo Otro Absoluto que no se explica, que se alaba, se respeta, se sirve. El siglo XXI inventa el coaching que hace de toda actividad la más eficiente. En “La sociedad del cansancio” (2010), Byung-Chul ve una depresión por exceso de sentido: todo es alcanzable, todo deviene propio. Nada hay fuera, extraño, solemne. No es posible el Éxodo. No hay sito para el fracaso. Sólo cabe el cansancio.

viernes, 5 de abril de 2019

Identidad e institución


En el siglo I, en la ciudad de Éfeso surge una comunidad cristiana relevante como para aparecer entre las cartas a las Iglesias del Apocalipsis. Es una comunidad minoritaria en una ciudad con otros valores dominantes. Los conflictos se suceden y la comunidad adopta un modo de resistencia. Además, tiene que lidiar dentro con pactos o arreglos impulsados por “falos profetas”. Sus gentes adquieren costumbres y hábitos que la posicionan con identidad frente a otras comunidades y frente a quienes quieren llevarla a posiciones lejanas a su fe. La institución funciona. Sin embargo, el autor del escrito advierte: “abandonas tu amor del principio”. Las identidades comunitarias, cuando se normalizan, vencen enemigos y evitan desvíos que las desvirtúan. Pero pierden capacidad de contraste y de vida. No sólo en Éfeso, no sólo en el cristianismo.