Cuando
muere, H. Arendt sigue enamorada de Heidegger (“Pensadores temerarios”, Lilla,
2001). El encuentro comienza con un
amigo común: K. Jaspers. Cuando Heidegger abraza el nazismo y accede a rector
de Friburgo, Jaspers no cabe en sí de asombro y se inculpa: no fue capaz de
evitar que su amigo cometiera tal error. Arendt, judía ella misma, queda
transtornada ante el giro de un hombre del que está enamorada. Elzbieta
Ettinger (1996), al leer la correspondencia (limitada) de Arendt a Heidegger,
interpreta esta relación de forma patológica: un depredador que engancha a una
ingenua. Arendt acaba trazando una línea entre filosofía (admirable en
Heidegger) y política (incomprensible para ella). Jaspers, sin embargo,
interpreta que en la filosofía de Heidegger late una pasión irracional que lo
llevó a apoyar al tirano.miércoles, 4 de abril de 2018
Jaspers / Heidegger / Arendt
Cuando
muere, H. Arendt sigue enamorada de Heidegger (“Pensadores temerarios”, Lilla,
2001). El encuentro comienza con un
amigo común: K. Jaspers. Cuando Heidegger abraza el nazismo y accede a rector
de Friburgo, Jaspers no cabe en sí de asombro y se inculpa: no fue capaz de
evitar que su amigo cometiera tal error. Arendt, judía ella misma, queda
transtornada ante el giro de un hombre del que está enamorada. Elzbieta
Ettinger (1996), al leer la correspondencia (limitada) de Arendt a Heidegger,
interpreta esta relación de forma patológica: un depredador que engancha a una
ingenua. Arendt acaba trazando una línea entre filosofía (admirable en
Heidegger) y política (incomprensible para ella). Jaspers, sin embargo,
interpreta que en la filosofía de Heidegger late una pasión irracional que lo
llevó a apoyar al tirano.martes, 3 de abril de 2018
Retorno a la tribu
Se puede
interpretar el Génesis como la proyección del sueño humano hacia los orígenes;
también sus males: ve en el fin del paraíso primigenio el dolor del presente.
La actual mirada hacia el pasado, la retrotopía (Bauman, 2017), focaliza
nuestro deseo hacia un ideal del pasado. La apertura porosa de los estados
provoca que el vecindario se comporte como un mini estado: homogeneizar,
controlar y proteger. La vuelta a la tribu (que quizás nunca existió) da mayor
control y homogeneidad y marca una diferencia entre nuestra gente y el resto
que tranquiliza conciencias y resucita fantasmas en otras. "A medida que
la esperanza de progreso desaparece, la herencia nos trae consuelo“, dice
Bauman. Como renunciamos a que el futuro se construya por toda la humanidad, tratamos
de construirlo acudiendo a la memoria idealizada de nuestra tribu o nación.La privatización de los sueños
La utopía de una sociedad mejor por la que luchar deja paso en el tiempo presente a la utopía personal de progreso. Se trata de la privatización de los sueños. No aspira a cambiar las condiciones humanas, sino al éxito personal o, a lo más, al del propio grupo, en el mundo desigual. Entre las causas de esta mutación está el fracaso de los estados nación en su gestión de la globalización. El estado protector no protege. Se rinde ante el poder real y entrega la política a la empresa que la disuelve o, en todo caso, la reduce al espacio local. Con el tiempo, comprobamos que la libertad y la competencia suponen para una gran mayoría el fracaso de las mejoras personales. Bauman señala que todo esto produce, finalmente, la emergencia de las retrotopías. Se nos cuela el deseo de recuperar un pasado adornado por virtudes añadidas por la nostalgia.lunes, 2 de abril de 2018
Añoranzas
“Cualquiera tiempo pasado fue mejor”, nos dice Jorge Manrique al apuntar el Renacimiento. Otto Rank, seguidor de Freud, entendía que buena parte de nuestra dinámica psicológica se explica por el deseo de volver al vientre materno para superar así el trauma del nacimiento. Afirma Bauman (“Retrotopía”, 2017) que vivimos una epidemia de nostalgia. Ante el pesimismo del futuro que viene (el 80% de la población francesa piensa que sus hijas e hijos vivirán peor que ellos), añoramos el retorno a un sueño que, en realidad, nunca existió. En política, esa pulsión, con frecuencia, deviene en nacionalismo: el retorno a una utopía comunitaria puesta en los orígenes de nuestra identidad nacional. Ese aire habita también otras experiencias comunitarias, como las religiosas, donde los tiempos de cambio levantan también añoranzas.
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sábado, 31 de marzo de 2018
La muerte de Dios, la muerte del "hombre"
En una
simplificación propia del género (teleserie), un minero pregunta a un predicador
evangélico que advierte contra la codicia: “Si Dios no quisiera que nos
enriqueciéramos con las piedras doradas, ¿para qué las puso en el suelo?” En
esa teología del sentido común, el ser humano sería el señor de referencia de
todo lo creado. Así, el “…dominad la tierra”, mandato del Génesis, se
interpretaría en esa dirección: el hombre como medida de todas las cosas. Esa
prioridad de lo humano se acentúa en la cultura occidental con la crisis de la
referencia trascendente y la entronización de la diosa “Razón”. Sin embargo, el
propio desarrollo de la misma descentra al ser humano. A la muerte de Dios
parece seguirle la muerte del ser humano. Quizás entonces descubramos que el
dios que ha muerto era solo la proyección que de Él se hizo la humanidad.jueves, 29 de marzo de 2018
Deconstrucción y otro
Derrida habla de deconstrucción. Usa el concepto de “signo” de los
estructuralismos (el sentido emerge de las diferencias y del lugar en la
estructura) para analizar textos e instituciones. Deconstruir es mostrar la
risible pretensión de atribuir suelo metafísico a nuestras construcciones
antropológicas. De este modo, denuncia el logocentrismo y afirma la importancia
“de lo otro que irrumpe, del otro que escribe en mí. (…). La justicia –dirá-
consiste en aprender a vivir con el otro” (Morey, “Foucault y Derrida”,
2015). Lo otro aparece para cuestionar
el concepto de “verdad” como la presencia en el presente. Más bien apunta a los
espacios vacíos, que siguen significando sin presencias de lo propio. El vacío
es la presencia del otro, de lo otro. La ética se orienta por la presencia del
otro, que siempre es diferida, inaprensible. Ese es el respeto y el servicio.
¿Qué es el hombre?
La filosofía
gira en antropología con Descartes al poner en el centro del pensar el propio
sujeto y la propia actividad de pensar. El giro tiene su culmen en Kant, donde
todas las preguntas filosóficas (¿Qué podemos conocer? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué
nos cabe esperar?) se reducen a una: ¿Qué es el hombre? Desde entonces, unas y
otras escuelas han sacado consecuencias y unas y otras han notado los límites
de esta orientación. Si el programa fenomenológico propone la vuelta a las
cosas y el estructuralismo apunta al post-humanismo, Zubiri insiste en el
carácter sentiente de toda inteligencia y Levinas asalta la pura otredad.
Derrida cruza todo su trabajo por la “atención a la alteridad”. Por el camino,
casi toda la filosofía ha quedado en análisis de textos. Entre la supuesta cosa y el supuesto sujeto
queda la narración, el lenguaje.
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martes, 27 de marzo de 2018
Historia o gnosticismo
Los estudios
históricos sobre el movimiento de Jesús son profundos. Impresiona “Un judío
marginal”, 1991 de J. Meyer, o la síntesis de Pagola (“Jesús, aproximación
histórica”, 2007). Esta última ¿es demasiado optimista? ¿Considera que sabemos
lo suficiente del nazareno como para leer de un modo nuevo las narraciones y,
por tanto, la fe? Más bien, ahora apuntamos la prioridad del texto: la
escritura es previa al sentido y permanecerá después del mismo (Derrida). El
acceso al Jesús histórico queda herido por arma de doble filo: ni es realmente
posible, ni es realmente significativo para la fe. La teología también lo
confirma: es el Espíritu, el que “lo explicará todo”. Ahora bien, ese Cristo de
la fe, el de las narraciones, necesita de aquel “que vieron nuestros ojos y
nuestras manos tocaron”. De otro modo, la experiencia cristiana es sombra del
gnosticismo.lunes, 26 de marzo de 2018
Idolatrar lo humano
Si el cristianismo es un humanismo se disolverá como un rostro dibujado
sobre la arena de la playa (Foucault). Si el cristianismo se centra en lo
humano, entonces, lo divino, lejos de remitir a lo absolutamente Otro, solo
proyecta el futuro de lo humano (Feuerbach). Dios, entonces, salvaría a lo
humano. Sin embargo, hay en el impulso humanista de la Fe, algo que no se
somete a la antropología y descentra el “cogito ergo sum”; escandaliza a la
razón ilustrada. La ausencia, la cruz, la derrota o la imagen de la tierra como
un punto azul pálido en la inmensidad apuntan que la liberación no es de lo
humano, sino de lo impensable humano y que la Ausencia (el rostro que se
disuelve) acude también en rescate de los espacios vacíos. Aquino admite que
sólo hablamos por analogía. Humanizar el cristianismo es idolatrar lo humano,
el sendero de Pelagio.domingo, 25 de marzo de 2018
Volvemos al enjambre
Albert Florensa nos habla del “selfie”: sirve, a su juicio, para medir
el crecimiento del narcisismo. Hemos pasado del “debes” al “no tienes límites”,
del “lucha” al “yes we can”. Muestra a Bauman y su “El arte de la vida”: parece
que todas y todos podemos dar sentido a todo. Un despido a los 54 es “una
oportunidad”. Cualquier sueño puede ser alcanzado. Byung-Chul insiste: acabamos
con personas hiperactivas, fragmentadas, dispersas. Se globaliza la
superficialidad. Lo difícil se positiviza y hay poca tolerancia al hastío, al
fracaso. “La pérdida de la capacidad contemplativa, que, y no en último
término, está vinculada a la absolutización de la vida activa, es
corresponsable de la histeria y el nerviosismo de la moderna sociedad activa”,
sentencia Byung-Chul en “La sociedad del cansancio”, 2012. Volvemos al
enjambre.jueves, 22 de marzo de 2018
Antihumanismo - Posthumanismo
En “Las palabras y las cosas” (1966), Foucault extiende al conjunto de las ciencias humanas el método de la arqueología ya usado con la locura y la medicina. El carácter humano de las ciencias es construcción relativamente reciente: la modernidad. Por tanto, previsiblemente efímero: como un rostro sobre la arena de la playa. Así, colabora con el objetivo de Levi-Strauss: disolver lo humano en lo no humano. El lenguaje no es tarea humana, sino que lo humano es tarea del lenguaje. El hombre es el lugar en el que habla la cultura. Si en teología decimos que el cristianismo es un humanismo, entonces deberemos preguntar qué queda de la fe si se disuelve el sujeto humano tal y como lo hemos construido en la modernidad. ¿Es posible un cristianismo como post-humanismo? Se exploran respuestas en torno a la presencia de lo absolutamente Otro.
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martes, 20 de marzo de 2018
Biotecnología
Señala
Beorlegi, profesor en Deusto, que si hasta ahora la evolución de las especies
ha sido encargo natural, en adelante cabe una evolución inducida por el ser
humano (“El futuro del ser humano”, Razón y Fe, enero 2018). Las
“antropotecnias” permiten ya realizar la distopía que Huxley ve en “Un mundo
feliz” (1932). Los avances sirven ya para fines terapéuticos que son
difícilmente discutibles desde la ética. También se investiga en líneas como la
clonación humana, la potenciación intelectual e, incluso, el alargamiento indefinido
de la vida, actuaciones que parecen ir más allá de lo que biológicamente hemos
entendido como humano. Es evidente que la reflexión ética y política está inmadura. También queda la sospecha de la incapacidad ética para orientar los
procesos científicos. No en vano arrastramos la memoria de Galileo y Hiroshima.¿El origen de lo humano?
El estructuralismo filosófico aparece tras un recorrido previo en las
ciencias humanas. El estructuralismo lingüístico (Saussure) muestra que el
lenguaje no suma elementos con identidad, sino que confronta diferencias
relacionales, donde el valor es “según la posición que ocupa en el sistema”
(Morey, “Foucault y Derrida”, 2015): oposiciones binarias que van dando lugar
estructuras lingüísticas independientes de la voluntad humana. Así, el lenguaje
dejaría de ser algo humano para que lo humano pasara a ser algo lingüístico.
Lévi-Strauss lo aplica a la antropología: las culturas nacen de estructuras
inconscientes que se plasman en sistemas. La razón analítica permitirá
encontrar las leyes generales de toda organización, también la humana. No es
historia, ni memoria, ni voluntad lo que explica nuestra cultura, sino la
rigidez de estructuras inconscientes.
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