martes, 30 de enero de 2018

La reivindicación de los hechos

En artículo en El País, en febrero de 2012, Duch y Chillón anuncian la crisis de la postmodernidad. Se acercan a Sokal y Bricmont que, más de una década antes, ven ya signos de debilidad en el entramado del “pensamiento débil”. La reivindicación epistemológica de los hechos y de su relevancia frente a las ilusiones subjetivas aparece como punta de lanza contra el relativismo postmoderno. Para Duch y Chillón, es el momento de recuperar los discursos emancipadores (desde el cristianismo a la política) capaces de afrontar el capitalismo hedonista, rey del descarte. Es probable que los primeros efectos de la crisis de las “subprime” empuje a los autores del artículo de El País a esa convicción: el final de la distopía postmoderna en que la falta de fundamentos éticos ha promovido el consumo desbocado e insolidario. 

lunes, 29 de enero de 2018

Crítica a la postmodernidad

Los textos postmodernos son brillantes. Con autores de origen diverso (la teología o las ciencias físicas), en ocasiones esos textos carecen de rigor y alientan el relativismo epistemológico. Para filósofos de la metafísica –que algo podemos decir sobre lo que es de suyo real- y para científicos que elaboran sus teorías desde la experiencia y la formalización matemática, los escritos de la postmodernidad parecen pasar superficialmente y a gran velocidad por lo que se ha elaborado con mucho esfuerzo y rigor. Sokal y Bricmont (“Imposturas intelectuales”, 1997) dicen que es necesario un diálogo “basado en nociones de lo real”. Lo formulan así: “Hemos defendido la idea de que existe algo que llamamos datos fehacientes y que los hechos cuentan”. ¡Qué contraste con el “Adios a la Verdad” de Battimo! ¡Qué cerca de MacMillan, en su “Usos y abusos de la historia”! (2009).

domingo, 28 de enero de 2018

El rey está desnudo

El profesor A. Tornos (Antropología filosófica, Universidad P. Comillas) confesaba que cuando leía a Lacan entendía el diez por ciento. Con humor: sólo entendería los artículos y las preposiciones. “Imposturas intelectuales” aparece en 1997 de la mano de Sokal y Bricmont. Su empeño fundamental es decirnos que el rey está desnudo. Se refieren a un grupo de intelectuales del post estructuralismo (ahí meterían a Lacan) que serían capaces de decir nada con conceptos incomprensibles, justificaciones traídas por los pelos de otras disciplinas y con una sofisticación y erudición notables. Lacan, a su juicio, haría eso con el lenguaje de la “topología”, que trataría de usar para explicar su psicoanálisis. Cabe preguntar si esos recursos son  deshonestos intelectualmente o sencillamente un esfuerzo limitado por explicar una visión nueva de la realidad.

jueves, 25 de enero de 2018

Y si Godot no viene

Y si finalmente Godot no viene, dialogan Vladimir y Estragón (“Esperando a Godot”, 1952); Samuel Becket pone en boca de sus personajes: “al menos hemos esperado, y eso no lo pueden decir todos” y refleja un nihilismo que aboca al absurdo. En 1956, Buero Vallejo estrena “Hoy es fiesta”: la esperanza de una comunidad de personas pobres que conquistan la azotea del edificio a pesar de la vigilancia de la casera. En realidad, la fiesta celebrada, la suerte de la lotería para todo el vecindario, es falsa. La esperanza en que la fortuna cambie es figura de la lucha por los derechos y la fraternidad. En la segunda escena de la obra de Becket, el árbol quizás aparece con hojas. Como aquellas que A. Machado canta del olmo hendido por el rayo:  “…unas hojas verdes le han salido”. Al poeta le hablan de vida y esperanza. A Buero, de una tarea: conquistar la azotea. 

miércoles, 24 de enero de 2018

Los que se creen blancos

Muchas categorías del conocer responden a una construcción social (Berger y Luckman, La construcción social de la realidad). Cuando se usa la palabra “blanco” en contexto social norteamericano, apunta Ta-Nehisi Coates que se trata de una construcción: “los que se creen blancos”, señala para mostrar que no siempre existió este modo de calificar a las personas (“antes eran polacos, irlandeses, alemanes, rusos...”). A su juicio, la lectura de la historia ha sido también en este caso un abuso (M. MacMillan, “Usos y abusos de la historia”). De ese modo, ser “negro” es una marca que no se supera: el “Sueño” (americano) se ha construido sobre los cuerpos de los negros. La historia de Prince Jones, tiroteado a muerte, hace que Coates escriba a su hijo para que luche, no por el Sueño ni por los Soñadores, sino por sus abuelos y su propio nombre. 

martes, 23 de enero de 2018

El asesinato Prince Jones

El asesinato de Prince Jones corretea por las páginas de “Entre el mundo y yo” (Ta-Nehisi Coates, 2015). Es el segundo libro de un joven afronorteamericano que centra su trabajo periodista en el desencuentro racial. El optimismo leería la actual situación racial como mejora respecto a lo vivido en el pasado (Vg.: “La cabaña del tío Tom”, H.B. Stowe, 1.852) y apuntaría convencido a un futuro todavía mejor. La esperanza leería las víctimas olvidadas y las luchas fracasadas del pasado como origen de una libertad precaria, no definitiva, no suficiente que exige mantener el compromiso. Coates escribe a su hijo con el objetivo de que “seas un ciudadano consciente de este mundo terrible y hermoso”. La madre de Jones, asesinado sin miramientos por un policía que fue declarado inocente, lo dice con claridad: “Lo que lamento es que esté muerto”.

lunes, 22 de enero de 2018

Ideología del progreso

Eagleton dedica el primer capítulo de su libro (“Esperanza sin optimismo”, 2015) a mostrar lo que denomina optimismo banal. Lo hay puramente sentimental o emotivo, que imagina que todo saldrá bien sólo porque siempre siente que todo debe salir bien; sin más razones. Hay también un optimismo racional que encuentra siempre motivos que justifican su teoría de la bondad de todo lo que acontece. El caso Leibniz es, a juicio de Eagleton, el de un optimismo metafísico: vivimos en el mejor de los mundos posibles. Esa postura merecerá la respuesta del “Cándido” de Voltaire. Eagleton repasa otros casos. Su análisis del optimismo vacío presenta también la ideología del progreso (la humanidad siempre progresa hacia un mundo feliz) que se sostiene ignorando las heridas y que puede ser coherente con esa cultura que globaliza la superficialidad.

domingo, 21 de enero de 2018

Cuestión de Temperamento


Insiste Eagleton en que optimismo no es amigo de la esperanza (“Esperanza sin optimismo”, 2015).  Karl Marx no era optimista y, sin embargo, creía que el mundo acabaría por mejorar –en su visión, la mejora es la sociedad comunista, fruto de la lucha y la revolución del proletariado-. El Cristo de los Evangelios canónicos no es optimista, su visión del Reino de Dios convive con los dolores de parto del mundo (visión paulina), donde la violencia y la cruz forman parte del camino. El optimismo social sirve para generar estabilidad política y aumentar el consumo. Por eso, Fukujama, que sí es optimista: entiende que la historia por venir es sólo una ampliación nada novedosa de lo ya conseguido con la caída del muro de Berlín: la expansión tranquila de la democracia y la economía de mercado. “Es cuestión de temperamento, no de realidad”, concluye Eagleton.

jueves, 18 de enero de 2018

Esperanza y estadísticas

La generación literaria de la Postguerra ve en nuestras ciudades cementerios organizados: “Madrid es una ciudad de  más de millón y medio de cadáveres (según las últimas estadísticas)”, canta el autor de “Hijos de la ira” (Dámaso, 1945). Esos cuerpos son, en perspectiva de Unamuno (padre de todas las preguerras), “también de barro”, como las paredes de cualquier cementerio. Frankl, arrastrándose helado por los campos de Auschwitz sobrevive y crece contemplando fugaz el rostro amado: “Sólo el amor nos salva”, exclama. Joseph Moingt SJ afirma la historicidad actual del Cristo porque tiene una tarea pendiente, inacabada. Esta tarea es la liberación. No es el optimismo el padre de la esperanza. Hay en esa palabra algo de pura innovación inesperada, capaz de hacer de nuestras ciudades algo más que los datos de las últimas estadísticas.

miércoles, 17 de enero de 2018

Una tarea pendiente

Quizás se puede decir muy sintéticamente que lo que Moingt SJ plantea es que la historia del Cristo tiene futuro porque todavía tiene un trabajo que hacer en esta historia. Un trabajo que ya se hace en plural. En ese ámbito de fe, Cristo sigue trabajando en lo que hace la comunidad creyente y también en lo que el Espíritu hace dentro y fuera de esa comunidad. Creer es, en realidad, hacer: participar en la actividad liberadora del Cristo. Y esa es la esperanza: “Que pueda darse a la historia un porvenir absolutamente nuevo”. Lejos de Sísifo que repite su historia. Lejos de la pura dialéctica que llama nuevo al resultado del choque entre lo que ya hay. Eso que se llama en términos cristianos Reino de Dios no se construye sobre la ruina de las esperanzas humanas, sino que se añade como don (como gracia). Ernst Bloch lo llamará “principio esperanza”. 

martes, 16 de enero de 2018

De vuelta a la liberación

J. Moingt SJ, que trata de dar razón de su fe, hace arqueología de los textos sagrados. Anuncia: “Todo comenzó con un rumor: Él volverá”. Nos preguntamos: ¿Por qué nos es pertinente ese retorno para quienes somos del tercer milenio? En “El hombre que venía de Dios” (1994), Moingt responde: ha de volver porque tiene una tarea inacabada: nuestra historia, nuestra humanidad. El también francés, De Chardin SJ, lo hace cosmológico: el que volverá más bien nos atrae hacia Él, es el “omega” y lo es porque de Él provenimos. Es también el “alfa”. ¿Qué hace de este esquema algo más que una autovía entre la cuna y la tumba? Moingt entiende que en él está nuestra liberación, nuestra salvación. Debemos, pues, preguntarnos si las personas del siglo XXI necesitamos alguna salvación. Solo después preguntaremos cómo el Cristo puede ser liberación.

lunes, 15 de enero de 2018

Conocimiento tomista

Para Tomás de Aquino el conocimiento es de la esencia de las cosas, no tanto de lo que cada cosa muestra. La imagen de cada cosa concreta se aprehende, pero si la conocemos es porque captamos su esencia, es el proceso por el que reconocemos la esencia a lo que llama conocimiento.  Así, la existencia –lo que cada cosa muestra- es posterior a la esencia de la cosa. Los existencialismos dan la vuelta a esta visión. En realidad, nuestro existir concreto precede a cualquier esencia de lo que somos. El hombre, masculino, no es una esencia que concreta en una existencia. Es una generalización a partir de la experiencia factual de un modo concreto de existir.  El estructuralismo le da otra vuelta: en realidad cada cosa concreta y su existir fáctico es el resultado de las relaciones estructurales y rígidas que se dan en nuestro mundo. ¿Volvemos a Tomás?

domingo, 14 de enero de 2018

¿A quién pertenece el destino?

En un campo de exterminio, Frankl apuesta por el sentido. Asegura que es el sentido lo que le salva. Si seguimos la pista del Sísifo de Camus, es la construcción del sentido lo que le salva: “No se descubre lo absurdo sin sentirse tentado a escribir un manual de la felicidad”. Pero ambos, Camus y Frankl son de un mundo de piedra y barro, donde el asesinato es visible y la enfermedad no se oculta en las plantas de paliativos hospitalarios. Probablemente en la liquidez de la vida actual, una instalación en la inmanencia puede ser tranquila, plácida, mientras la realidad virtual quita densidad a la realidad real. El “sinsentido” se confunde con “me-gusta” de Facebook (Byung-Chul Han). Camus insiste: “Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece”.  Los estructuralismos lo disuelven: todo nos pasa, de nada somos sujetos activos.