En artículo
en El País, en febrero de 2012, Duch y Chillón anuncian la crisis de la
postmodernidad. Se acercan a Sokal y Bricmont que, más de una década antes, ven
ya signos de debilidad en el entramado del “pensamiento débil”. La
reivindicación epistemológica de los hechos y de su relevancia frente a las
ilusiones subjetivas aparece como punta de lanza contra el relativismo postmoderno.
Para Duch y Chillón, es el momento de recuperar los discursos emancipadores
(desde el cristianismo a la política) capaces de afrontar el capitalismo
hedonista, rey del descarte. Es probable que los primeros efectos de la crisis
de las “subprime” empuje a los autores del artículo de El País a esa
convicción: el final de la distopía postmoderna en que la falta de fundamentos
éticos ha promovido el consumo desbocado e insolidario.
martes, 30 de enero de 2018
lunes, 29 de enero de 2018
Crítica a la postmodernidad
Los textos postmodernos son brillantes. Con autores de origen diverso (la teología o las ciencias físicas), en ocasiones esos textos carecen de rigor y alientan el relativismo epistemológico. Para filósofos de la metafísica –que algo podemos decir sobre lo que es de suyo real- y para científicos que elaboran sus teorías desde la experiencia y la formalización matemática, los escritos de la postmodernidad parecen pasar superficialmente y a gran velocidad por lo que se ha elaborado con mucho esfuerzo y rigor. Sokal y Bricmont (“Imposturas intelectuales”, 1997) dicen que es necesario un diálogo “basado en nociones de lo real”. Lo formulan así: “Hemos defendido la idea de que existe algo que llamamos datos fehacientes y que los hechos cuentan”. ¡Qué contraste con el “Adios a la Verdad” de Battimo! ¡Qué cerca de MacMillan, en su “Usos y abusos de la historia”! (2009).domingo, 28 de enero de 2018
El rey está desnudo
El profesor
A. Tornos (Antropología filosófica, Universidad P. Comillas) confesaba que
cuando leía a Lacan entendía el diez por ciento. Con humor: sólo entendería los
artículos y las preposiciones. “Imposturas intelectuales” aparece en 1997 de la
mano de Sokal y Bricmont. Su empeño fundamental es decirnos que el rey está
desnudo. Se refieren a un grupo de intelectuales del post estructuralismo (ahí
meterían a Lacan) que serían capaces de decir nada con conceptos
incomprensibles, justificaciones traídas por los pelos de otras disciplinas y
con una sofisticación y erudición notables. Lacan, a su juicio, haría eso con
el lenguaje de la “topología”, que trataría de usar para explicar su
psicoanálisis. Cabe preguntar si esos recursos son deshonestos intelectualmente o sencillamente
un esfuerzo limitado por explicar una visión nueva de la realidad.jueves, 25 de enero de 2018
Y si Godot no viene
Y si
finalmente Godot no viene, dialogan Vladimir y Estragón (“Esperando a Godot”,
1952); Samuel Becket pone en boca de sus personajes: “al menos hemos esperado,
y eso no lo pueden decir todos” y refleja un nihilismo que aboca al absurdo. En
1956, Buero Vallejo estrena “Hoy es fiesta”: la esperanza de una comunidad de
personas pobres que conquistan la azotea del edificio a pesar de la vigilancia
de la casera. En realidad, la fiesta celebrada, la suerte de la lotería para
todo el vecindario, es falsa. La esperanza en que la fortuna cambie es
figura de la lucha por los derechos y la fraternidad. En la segunda escena de
la obra de Becket, el árbol quizás aparece con hojas. Como aquellas que A.
Machado canta del olmo hendido por el rayo:
“…unas hojas verdes le han salido”. Al poeta le hablan de vida y esperanza.
A Buero, de una tarea: conquistar la azotea. miércoles, 24 de enero de 2018
Los que se creen blancos
Muchas categorías del conocer responden a una construcción social
(Berger y Luckman, La construcción social de la realidad). Cuando se usa la
palabra “blanco” en contexto social norteamericano, apunta Ta-Nehisi Coates que
se trata de una construcción: “los que se creen blancos”, señala para mostrar
que no siempre existió este modo de calificar a las personas (“antes eran
polacos, irlandeses, alemanes, rusos...”). A su juicio, la lectura de la
historia ha sido también en este caso un abuso (M. MacMillan, “Usos y abusos de
la historia”). De ese modo, ser “negro” es una marca que no se supera: el
“Sueño” (americano) se ha construido sobre los cuerpos de los negros. La
historia de Prince Jones, tiroteado a muerte, hace que Coates escriba a su hijo
para que luche, no por el Sueño ni por los Soñadores, sino por sus abuelos y su
propio nombre. martes, 23 de enero de 2018
El asesinato Prince Jones
El asesinato de Prince Jones corretea por las páginas de “Entre el mundo
y yo” (Ta-Nehisi Coates, 2015). Es el segundo libro de un joven
afronorteamericano que centra su trabajo periodista en el desencuentro racial.
El optimismo leería la actual situación racial como mejora respecto a lo vivido
en el pasado (Vg.: “La cabaña del tío Tom”, H.B. Stowe, 1.852) y apuntaría
convencido a un futuro todavía mejor. La esperanza leería las víctimas
olvidadas y las luchas fracasadas del pasado como origen de una libertad
precaria, no definitiva, no suficiente que exige mantener el compromiso. Coates
escribe a su hijo con el objetivo de que “seas un ciudadano consciente de este
mundo terrible y hermoso”. La madre de Jones, asesinado sin miramientos por un
policía que fue declarado inocente, lo dice con claridad: “Lo que lamento es
que esté muerto”.lunes, 22 de enero de 2018
Ideología del progreso
Eagleton dedica el primer capítulo de su libro (“Esperanza sin optimismo”, 2015) a mostrar lo que denomina optimismo banal. Lo hay puramente sentimental o emotivo, que imagina que todo saldrá bien sólo porque siempre siente que todo debe salir bien; sin más razones. Hay también un optimismo racional que encuentra siempre motivos que justifican su teoría de la bondad de todo lo que acontece. El caso Leibniz es, a juicio de Eagleton, el de un optimismo metafísico: vivimos en el mejor de los mundos posibles. Esa postura merecerá la respuesta del “Cándido” de Voltaire. Eagleton repasa otros casos. Su análisis del optimismo vacío presenta también la ideología del progreso (la humanidad siempre progresa hacia un mundo feliz) que se sostiene ignorando las heridas y que puede ser coherente con esa cultura que globaliza la superficialidad.
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domingo, 21 de enero de 2018
Cuestión de Temperamento

Insiste Eagleton en que optimismo no es amigo de la esperanza (“Esperanza sin optimismo”, 2015). Karl Marx no era optimista y, sin embargo, creía que el mundo acabaría por mejorar –en su visión, la mejora es la sociedad comunista, fruto de la lucha y la revolución del proletariado-. El Cristo de los Evangelios canónicos no es optimista, su visión del Reino de Dios convive con los dolores de parto del mundo (visión paulina), donde la violencia y la cruz forman parte del camino. El optimismo social sirve para generar estabilidad política y aumentar el consumo. Por eso, Fukujama, que sí es optimista: entiende que la historia por venir es sólo una ampliación nada novedosa de lo ya conseguido con la caída del muro de Berlín: la expansión tranquila de la democracia y la economía de mercado. “Es cuestión de temperamento, no de realidad”, concluye Eagleton.
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jueves, 18 de enero de 2018
Esperanza y estadísticas
La
generación literaria de la Postguerra ve en nuestras ciudades cementerios
organizados: “Madrid es una ciudad de
más de millón y medio de cadáveres (según las últimas estadísticas)”,
canta el autor de “Hijos de la ira” (Dámaso, 1945). Esos cuerpos son, en perspectiva
de Unamuno (padre de todas las preguerras), “también de barro”, como las
paredes de cualquier cementerio. Frankl, arrastrándose helado por los campos de
Auschwitz sobrevive y crece contemplando fugaz el rostro amado: “Sólo el amor
nos salva”, exclama. Joseph Moingt SJ afirma la historicidad actual del Cristo
porque tiene una tarea pendiente, inacabada. Esta tarea es la liberación. No es
el optimismo el padre de la esperanza. Hay en esa palabra algo de pura
innovación inesperada, capaz de hacer de nuestras ciudades algo más que los
datos de las últimas estadísticas.
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miércoles, 17 de enero de 2018
Una tarea pendiente
Quizás se
puede decir muy sintéticamente que lo que Moingt SJ plantea es que la historia
del Cristo tiene futuro porque todavía tiene un trabajo que hacer en esta
historia. Un trabajo que ya se hace en plural. En ese ámbito de fe, Cristo
sigue trabajando en lo que hace la comunidad creyente y también en lo que el
Espíritu hace dentro y fuera de esa comunidad. Creer es, en realidad, hacer:
participar en la actividad liberadora del Cristo. Y esa es la esperanza: “Que
pueda darse a la historia un porvenir absolutamente nuevo”. Lejos de Sísifo que
repite su historia. Lejos de la pura dialéctica que llama nuevo al resultado
del choque entre lo que ya hay. Eso que se llama en términos cristianos Reino
de Dios no se construye sobre la ruina de las esperanzas humanas, sino que se
añade como don (como gracia). Ernst Bloch lo llamará “principio esperanza”. martes, 16 de enero de 2018
De vuelta a la liberación
J. Moingt SJ, que trata de dar razón de su fe, hace arqueología de los textos sagrados. Anuncia: “Todo comenzó con un rumor: Él volverá”. Nos preguntamos: ¿Por qué nos es pertinente ese retorno para quienes somos del tercer milenio? En “El hombre que venía de Dios” (1994), Moingt responde: ha de volver porque tiene una tarea inacabada: nuestra historia, nuestra humanidad. El también francés, De Chardin SJ, lo hace cosmológico: el que volverá más bien nos atrae hacia Él, es el “omega” y lo es porque de Él provenimos. Es también el “alfa”. ¿Qué hace de este esquema algo más que una autovía entre la cuna y la tumba? Moingt entiende que en él está nuestra liberación, nuestra salvación. Debemos, pues, preguntarnos si las personas del siglo XXI necesitamos alguna salvación. Solo después preguntaremos cómo el Cristo puede ser liberación.
lunes, 15 de enero de 2018
Conocimiento tomista
Para Tomás
de Aquino el conocimiento es de la esencia de las cosas, no tanto de lo que
cada cosa muestra. La imagen de cada cosa concreta se aprehende, pero si la
conocemos es porque captamos su esencia, es el proceso por el que reconocemos
la esencia a lo que llama conocimiento.
Así, la existencia –lo que cada cosa muestra- es posterior a la esencia
de la cosa. Los existencialismos dan la vuelta a esta visión. En realidad,
nuestro existir concreto precede a cualquier esencia de lo que somos. El
hombre, masculino, no es una esencia que concreta en una existencia. Es una
generalización a partir de la experiencia factual de un modo concreto de
existir. El estructuralismo le da otra
vuelta: en realidad cada cosa concreta y su existir fáctico es el resultado de
las relaciones estructurales y rígidas que se dan en nuestro mundo. ¿Volvemos a
Tomás?domingo, 14 de enero de 2018
¿A quién pertenece el destino?
En un campo de exterminio, Frankl apuesta por el sentido. Asegura que es
el sentido lo que le salva. Si seguimos la pista del Sísifo de Camus, es la
construcción del sentido lo que le salva: “No se descubre lo absurdo sin
sentirse tentado a escribir un manual de la felicidad”. Pero ambos, Camus y
Frankl son de un mundo de piedra y barro, donde el asesinato es visible y la
enfermedad no se oculta en las plantas de paliativos hospitalarios.
Probablemente en la liquidez de la vida actual, una instalación en la
inmanencia puede ser tranquila, plácida, mientras la realidad virtual quita
densidad a la realidad real. El “sinsentido” se confunde con “me-gusta” de
Facebook (Byung-Chul Han). Camus insiste: “Toda la alegría silenciosa de Sísifo
consiste en eso. Su destino le pertenece”.
Los estructuralismos lo disuelven: todo nos pasa, de nada somos sujetos
activos.
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