En sus clases de ética, A. Hortal SJ afirma (1986) que en lo humano, se entiende por naturaleza lo que, cuando lo sacas por la puerta, entra por la ventana. Batler (“El género en disputa”, 1990) dice que las peculiaridades de género son atribuciones culturales y que no dependen de la diferencia natural que se da entre los sexos. Habermas, en “Post Scriptum” (2001) escribe: “He adquirido una consciencia aún mayor de los abismos filosóficos que se abren al discutir los fundamentos naturales de la autocomprensión de personas que actúan responsablemente”. Habla sobre las prácticas de intervención genética. En 2003, Pinker publica “La tabla rasa” para señalar que “…la negación de la naturaleza humana… ha perjudicado la vida de las personas corrientes”. Si hay naturaleza humana, no se disuelve como rostro sobre arena.
martes, 15 de mayo de 2018
lunes, 14 de mayo de 2018
Humanismo
En el
Renacimiento, el humanismo es recuperación de la cultura clásica. Tras el giro
antropológico, muestra cierta centralidad de lo humano en lo ético, social,
político o religioso. En dos frentes al menos, el humanismo incumple sus
promesas: el deterioro humano de lo no humano (crisis ecológica) y la
prevalencia legal de la ciudadanía y el individuo. La actual vida líquida
(Bauman) occidental recorta derechos y atribuye a los otras personas no ciudadanas la
causa de los males sociales. Así, los derechos son no de humanidad, sino de
ciudadanía, y esta se atiene a los individuos. Francisco, por su parte, muestra
que lo social y lo medioambiental son una sola crisis (“Laudato Si’”, 2015). La
reacción antihumanista, con problemas evidentes de rigor y extensión, apunta,
no obstante, a ambos problemas: la primacía de lo humano se concreta como
expolio depredador y etnocentrismo ciudadano.
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domingo, 13 de mayo de 2018
Negatividad y belleza
El
sobrecogimiento se sustituye por lo perfecto en la actual visión de lo bello
(Byung-Chul, “La salvación de lo bello”). El aeropuerto pulido, la piel
depilada, el smarphone liso triunfan en la cultura que no tolera lo negativo:
debemos ser perfectos, automejorados para el mundo, el mercado, la pareja, la
familia, las amistades. Lo inesperable, no domesticable… se disuelve rechazando
toda negatividad. Pero la vida es calvario, cruz, tumba. La belleza del bosque
no es su perfección, si nos resulta sublime un paisaje montañoso no se trata de
una belleza pulcra. La belleza de una persona, más allá del atractivo del
momento, aburre si se sostiene de perfección. En la realidad, lo bello que
sobrecoge no soporta el “me gusta” de la fotografía de facebook. Lo bello
sublime está de la mano de una historia que está llena de dolor. Es ahí donde
Loyola ve a Dios que trabaja.
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jueves, 10 de mayo de 2018
Los estándares del amor
El amor
tiene que ver con la palabra todo y con la propuesta para siempre. Hay, sin
embargo, un gen social que se resiste al todo y a la promesa de eternidad.
Nuestra sociedad simplifica las pruebas para considerar una experiencia como un
acto de amor. Ni la totalidad ni la eternidad (solo tú, para siempre tú del
matrimonio católico) son exigencia habitual de nuestra cultura para hablar de
amor; por eso, ahora hablamos más que nunca de amar y de enamorarnos: “No es que más gente esté
a la altura de los estándares de amor en más ocasiones, sino que esos
estándares son ahora más bajos” (Bauman, “Amor líquido”, 2003). Loyola sitúa al
final de sus Ejercicios Espirituales la Contemplación para alcanzar Amor. Su
propuesta pasa por el reconocimiento de “tanto bien recibido”. De esa manera,
seremos capaces de “enteramente reconosciendo, en todo amar y servir”. Todo.
Más allá de toda soledad
El amor,
dice Fromm (“El arte de amar” 1950), no es encontrar el objeto amado: es una
tarea y requiere un aprendizaje. A su juicio, la mucha actividad amorosa (quien
mucho se enamora) es no más que huidas de la soledad condenadas al fracaso,
porque no se puede huir, hay que afrontar. El verdadero amor es aquel que ama
en la persona amada toda la realidad.
Para Badiou (“Elogio del amor”, 2009), amar es “estar más allá de cualquier soledad,
conectado con todo aquello que anima la existencia del mundo”. El amor es
reconocer en la persona amada y la fuente de mi propia existencia. Loyola, en
el s. XVI, insiste en que para alcanzar amor hay que contemplar todo como don,
incluso la capacidad de donarse es un don. Eso sí, desde un realismo que chilla
en el subjetivismo líquido actual, afirma que el amor es más cosa de obras que
de palabras.martes, 8 de mayo de 2018
Tú sabes que te amo
“Tú sabes que te amo”, proclama Pedro en el Evangelio Según San Juan. El
momento sucede a la terrible desolación del desencuentro, la negación y el
rechazo. La cruz sucede a Pedro que dice “no lo conozco”. El mismo jueves, en
la pre-pascua, se da la afirmación del amor incondicionado y el amor como
tarea: el Cristo arrodillado que lava los pies. El viernes, tras la huida y la
negación del grupo de los hombres que le seguían, quedan a distancia las
mujeres. ¿Cómo es posible a la orilla
del lago, en lo cotidiano de Galilea, afirmar: “Tú sabes que te amo”? La noche,
la barca, la pesca que no llega a pesar de la experticia de las redes que
claramente dominan. De hecho, no es Pedro quien reconoce al que desde la orilla
introduce la novedad. Queda el discípulo amado (¿cualquiera de los que aman?
¿imposible para quienes no aman?).lunes, 7 de mayo de 2018
El lugar de la tarea
Ya que el Mar Muerto no permite pescar y que la mayoría de los puertos
quedan fuera del alcance de los pescadores autóctonos, el Mar de Galilea,
también Tiberiades, es su lugar de brega. En este entorno ponen los Evangelios
buena parte de la actividad de Jesús, con centro principal en Cafarnaúm. Simón
(que Cristo apodó como Pedro) y sus compañeros se dedicaban a la pesca. El lago
es trabajo ordinario. Juan, el último de los escritores canónicos, sitúa en
este enclave la experiencia del resucitado. Nos habla, pues, de una experiencia
en lo cotidiano. Añade, además, la noche (la oscuridad) y el fracaso en la
tarea (“no pescaron nada”), para situarnos en el ambiente del sepulcro y el
final, aparentemente inevitable, del movimiento de Jesús. Pero en lo cotidiano
del trabajo, se plantea una pregunta (“Simón de Juan, ¿me amas?”) y una tarea:
el cuidado.domingo, 6 de mayo de 2018
Donde no podía estar
El cambio de horizonte hermenéutico no cambia la realidad: cambia su
interpretación. El asesinato del nazareno es real. Los dos que van hacia Emaús
lo viven como un fracaso. Interpretan desde un horizonte en el que el éxito es
la imposición militar sobre los romanos y su expulsión del territorio de
Israel. Hay tres elementos de su hermenéutica que fijan esa interpretación: los
jefes –la autoridad religiosa- lo entregaron; las mujeres no tienen un
testimonio creíble que deba tenerse en cuenta; lo real está disponible y a la
vista. El caminante les cambia los supuestos: Dios no entiende el triunfo al
modo del Emperador; los jefes del pueblo son históricamente ejemplo de dejación
de responsabilidad; Dios se hace presente donde no podía estar (mujer, pecador,
menor, crucificado). Lucas no cambia la realidad, afirma que la realidad es
otra. Otra, y es esperanzada.viernes, 4 de mayo de 2018
Hermenéutica hacia Emaús
Lo liso, lo pulido y el “me gusta” virtual de Facebook definen el mundo en Byung-Chul Han. Se escapan de la realidad, que ni es ni lisa ni pulida; y tampoco un click en el “me gusta” compromete. Puede que el giro antropológico de la filosofía, quizás como deseo de asumir la historia con responsabilidad, abre, sin embargo, el camino hacia un sujeto descomprometido, distinto, ajeno a lo real. La fuga hacia el mundo ideal se lee ya en Platón y es proyección en Feuerbach. Emaús es propuesta hermenéutica: invita a una lectura de los acontecimientos sin negarlos, tal como son, pero descreyendo de su apariencia inmediata. Afirma el evangelista Lucas que el caminante les fue explicando en su horizonte de comprensión, la Escritura, la realidad de todo lo sucedido. Finalmente, con los pies en el suelo, le invitaron (por fin descubren al Otro): quédate con nosotros que el día va de caída.
miércoles, 2 de mayo de 2018
Galilea y amor líquido
Las
relaciones se programan (Bauman, “Amor líquido”, 2003). Las relaciones
amorosas no nacen de gratuidad y sorpresa: se selecciona la pareja para hacer
del amor negocio sin riesgo (Badiou, “Elogio del amor”, 2009) y se determina la
llegada del hijo o la hija a partir de un banco de genes de calidad. Los
especialistas en amor proponen relaciones al modelo de las “star-up”: seguras y
fácilmente prescindibles. El criterio no es la persona amada, sino el “me
gusta” propio. Así se hace muy relevante garantizar las condiciones de éxito y,
dada la volatilidad de los tiempos, establecer las pistas de retirada, el
itinerario para el descompromiso y el olvido. San Marcos propone acabar el
Evangelio con tres mujeres que van a la tumba y reciben una tarea: vayan y
digan que les espera en Galilea. Nada programable con seguridad. Todo
compromiso.martes, 1 de mayo de 2018
Docetismo y muerte
La muerte, en nuestro entorno, pasa a segundo plano: en lo virtual, deviene espectáculo, en lo real ni se presenta, ni se muestra. Se la propone como ausencia y, en noviembre, transitamos desde la memoria amable que pone flores en la tumba de quien de algún modo nos acompaña, al disfraz de zombie, de muerto viviente, que hace de los cadáveres una amenaza para quien todavía vive. Retorna cierta tradición herética cristiana que ve en la muerte del nazareno un “como si”. Para el Docetismo todo lo histórico del Cristo es mera apariencia, porque no cabe la comunión de lo divino y lo humano –dada la bajeza de la realidad humana-. Nuestro entorno hoy, no tan creyente, asume un docetismo sin Dios: nuestra muerte se reduce a pura apariencia y toda apariencia puede ser cambiada. Adornamos a nuestros difuntos y, de camino, también nuestros fracasos.Amor es éxodo
Al proponer la Pascua cristiana, Loyola (“Ejercicios Espirituales, nº
221”) invita a pedir (no está en mi mano, no soy dueño de la experiencia) “para
me alegrar y gozar intensamente de tanta gloria y gozo de Cristo nuestro
Señor”. La alegría es propia, pero es un reconocimiento de Otro y su alegría.
No es el gozo que proviene del éxito por el resultado de lo conseguido con los
propios esfuerzos. Esta capacidad de
alegrarnos así completa la capacidad idéntica de dolernos con el dolor de quien
sufre, sin sustituirle, sin usurpar su lugar; sin poner en mi experiencia o a
mi vivencia, en mi ego, por tanto, criterio alguno de valor. El amor refiere
así a Otro, a sus penas y también a su alegría. El amor exige así un éxodo del
propio ego, su querer, su interés. Nuestra cultura, que realza el valor de lo
experiencia en cuanto experimentada, no apunta hacia el amor.domingo, 29 de abril de 2018
Resistencia a la pura antropología
“No serviré más a un señor que se me puede morir”, se atribuye a Borja
al contemplar el cadáver de la emperatriz Isabel. No es alarde de ego. También
el “yo” muere. Ni espiritualismo, porque tiene una tarea en esta historia.
Apuesta por el Otro. A duras penas, solo una parte de la teología consigue
oponerse al giro copernicano que hace del pensamiento antropología. Kant
formula así: “Qué podemos conocer. Qué debemos hacer. Qué nos cabe esperar. En
resumen, qué es el hombre”. Al observar la entrada en Jerusalén de aquel
nazareno, sobre un pollino –referencia davídica-, podemos imaginar un
cristianismo que no formula su pensar desde la pura antropología. Levinas –de
tradición judía- también lo apunta: pensar es reconocer la otredad. También con
mayúscula: en su diferencia y en su misterio. Ahí solo cabe la responsabilidad.
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