Difícilmente en nuestro imaginario discapacidad se asocia a
placer o erotismo. Escucho a Irene Rodríguez, que cita a Butler, sexóloga y
trabajadora social. Para empezar, debemos hablar en plural: sexualidades. Es
imprescindible una mirada positiva. La sexualidad de la discapacidad no es un
negativo a positivar, sino un positivo que debe ser reconocido. Somos sujetos
de decisión, y las personas con discapacidad son sujetos de decisión. Cierta
mirada compasiva mira a estas personas como objeto de protección; es una mirada
que aminora a la persona. La mirada que mira solo la discapacidad, vela a la
persona. La mujer con discapacidad sufre una doble invisibilidad: mujer y
discapacidad. La discapacidad impide que vea a la mujer. La mujer impide que
vea a la persona. No se sufre la discapacidad, sino la discriminación. martes, 10 de julio de 2018
Discapacidad y sexualidad
Difícilmente en nuestro imaginario discapacidad se asocia a
placer o erotismo. Escucho a Irene Rodríguez, que cita a Butler, sexóloga y
trabajadora social. Para empezar, debemos hablar en plural: sexualidades. Es
imprescindible una mirada positiva. La sexualidad de la discapacidad no es un
negativo a positivar, sino un positivo que debe ser reconocido. Somos sujetos
de decisión, y las personas con discapacidad son sujetos de decisión. Cierta
mirada compasiva mira a estas personas como objeto de protección; es una mirada
que aminora a la persona. La mirada que mira solo la discapacidad, vela a la
persona. La mujer con discapacidad sufre una doble invisibilidad: mujer y
discapacidad. La discapacidad impide que vea a la mujer. La mujer impide que
vea a la persona. No se sufre la discapacidad, sino la discriminación. lunes, 9 de julio de 2018
Comunista
Se define como comunista. Žižeck sospecha de una defensa de
la propiedad privada que permite la acumulación sin límites o la conquista
depredadora del medio. La defensa de lo privado propia de nuestra cultura no le
parece inocente: es el modo políticamente aceptable del más reprobable
individualismo descomprometido. Su mirada sobre la política de los movimientos
sociales desnuda la focalización cultural y política sobre los intereses de las
comunidades o de los movimientos. Los movimientos sitúa un nosotros que se
segrega de la ciudadanía. Por eso Žižeck no suena progre. Cuando le hablan de
la “nube”, sospecha de sus dueños que permiten el mayor acceso (prestación de
servicios) y el mayor protagonismo (ruptura de fronteras) con tal de que lo
hagamos a través de su red y en su nube. Se privatizan los derechos.domingo, 8 de julio de 2018
Nacionalismos poéticos
Asegura Žižeck que “vivimos una era que se cree
postideológica”. Esa convicción da alas a los nacionalismos poéticos. Poético
porque muchos escritores de versos lo alientan y justifican. Si no hay
ideología se impone el corazón (otra ideología) y la poesía. “El que no tenga
pan será alimentado por la luz de mi sol”, proclama el carnicero Karadzick y
concluye: “Gente, no hay nada prohibido en mi fe”. El coro de poetas y
poetizas de las patrias nos hace soñar con el paraíso donde las cosas las
decidan los nuestros y sirvan para reforzar nuestras cosas. Las nuestras, no
las de todas y todos. Pero se ofrecen universalmente a condición de que se
hagan de los nuestros. Muchas veces el amor (palabra grande) se invoca en esta
poesía: del amor al pueblo (nuestro) al amor al caudillo (nuestro)… y al final,
la matanza o la asimilación. miércoles, 4 de julio de 2018
Encubierto
Acusado
de que su victoria trae la anarquía, Bart Simpson hace suyo el eslogan: traeré
la anarquía. Cree V. Leonore (El País, 1 abril 2011) que esta historia
refleja el modo en que el filósofo esloveno Žižeck piensa: lo propiamente real
es la grieta que irrumpe violentamente en la historia como crítica de los
materialismos (marxista y capitalista). El capitalismo se protege en la
tolerancia culturalista. La izquierda postmoderna, la de los movimientos,
reduce la política a las reivindicaciones culturales (¿feminismo o ecologismo?)
que se integran sin problema en el sistema. Así, la discusión sobre el carácter
machista de una sentencia, ¿no esconde (ideologiza) el problema real: el valor
que damos al derecho penal como solución de los conflictos? Las prácticas
sostenibles, ¿no esconden la realidad de un sistema económico absolutamente
depredador?martes, 3 de julio de 2018
La grieta y la postmodernidad
Recorre el idealismo y ve lo contrario que Marx: que la grieta es previa
a la historicidad. No solo el sujeto está asaltado por una grieta (algo así
como el pecado original), apunta Žižeck más bien que esa grieta es lo real. No es que el sujeto no sea
capaz (“homo labilis” en expresión de Ricoeur) de reconocer lo real, sino que
lo real es propiamente la incapacidad. Caos. La historia como liberación
(materialismo histórico de Marx) es ideología: idealismo que desprecia el
horror ni el caos. En Žižeck no cabe un Dios de bondad, belleza y verdad. Dios
también es la grieta. Frente al nihilismo de la postmodernidad tolerante, el
esloveno lee un realismo negativo: no es que la cultura o la historicidad
apunten a la nada, sino que la nada es propiamente lo real que irrumpe por
sorpresa en la historia y la cultura. Una irrupción que es violenta por que
desenmascara los sueños materialistas.lunes, 2 de julio de 2018
Super-humanos
¿El
desarrollo de la inteligencia artificial señala a un cambio en la comprensión
de lo que es ser humano? Hace unas décadas parecía que había actividades
humanas complejas imposibles para la combinación de máquina e informática:
conducir, el ajedrez, la fotografía artística, etc. Es como si lo que exige
nuestra capacidad intuitiva o nuestro conocimiento no tematizado estuviera
lejos del alcance de la robótica. Pero cada día se escribe una nueva línea de
programación que simula el comportamiento humano y los procesos internos de
decisión (Carr, “Atrapados”, 2014). El sujeto que toma conciencia de sí mismo
¿es una frontera inaccesible para la máquina? También recorremos el camino
inverso: cada vez usamos más instrumental que nos hace ir más lejos de lo que
nuestra mera corporalidad podría. ¿La máquina nos hace super humanos?jueves, 28 de junio de 2018
Persona, individuo, consumidor, sujeto
Buena
parte de la crítica a la propuesta de la modernidad se centra en que da la
primacía al ser humano y a este como sujeto: el “cogito” cartesiano hace
depender el acceso a la realidad de la propia subjetividad. Desde la subjetividad
a las ideas y desde las ideas al idealismo. La reacción positivista y
neopositivista coloca en el centro las cosas, su medida y su formulación. Marx
mete la idea en la historia: la historia se despliega en crisis sucesivas hacia
un modelo ideal de sociedad, de humanidad. El liberalismo (neoliberalismo) deja
indefensa a la persona más débil quizás porque es sólo consumidor/a. Mounier,
que ve el desplome de la codicia posesiva en el 29, será testigo de los campos
de exterminio y de la guerra supremacista. Insiste: solo si consideramos a la
persona y le damos primacía, evitaremos tanto dolor.
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miércoles, 27 de junio de 2018
El primado de la persona y la crisis
Frente a la filosofía de las cosas (neopositivismo) y la filosofía de
las ideas (idealismo y su derivación lingüística), E. Mounier propone el
personalismo. Se dedica a hacer filosofía tras la crisis del año 29: “…el crac
del 29 le hizo pensar que la crisis económica que estaba sufriendo Occidente
enmascaraba una crisis espiritual y se puso manos a la obra” (Goñi, “Las
narices de los filósofos”, 2008). Quiere
mantener el primado de la persona porque si somos solo individuos o
consumidores o elementos de una organización social, política o económica,
somos prescindibles y nuestra dignidad queda por detrás. La crisis de 2008, que
se prolonga hasta la actualidad, también es una crisis espiritual. Nuestra
primera reacción fue afirmar: más sociedad, más formación. Sin embargo, nuestra
respuesta es desregular la protección y levantar barreras.
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lunes, 25 de junio de 2018
Acción comunicativa
Para Habermas, la razón estratégica invade el mundo de la vida (Goñi,
“Las narices de los filósofos”, 2008). El sistema cosifica a las personas y
deteriora su comunicación, que solo es si es voluntad de darse a entender. La razón es razón comunicativa y, para
Habermas, su potencia se da al generar esa red que trasciende mi propia
percepción hacia la intersubjetividad. Se aleja del pensamiento débil que culpa
a la razón del mal del siglo. Tampoco sonríe a los neopositivistas que reducen
el conocimiento al interés técnico. Apuesta, como lo hace Apel, por una ética
de consensos –del lenguaje, de la comunicación-, con contenidos minimalistas:
los derechos humanos. No hay ingenuidad en Habermas, sabe bien que la razón se
extravía y que la lengua miente. Añoro, sin embargo, lo que es de suyo aunque
necesitemos palabras para expresar lo que da de sí.
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domingo, 24 de junio de 2018
Mayor necesidad
Entre los criterios para selección de ministerios (Loyola,
“Constituciones”, 1550) aparece el de mayor necesidad. La mera contemplación de
la realidad (líquida, cambiante) exige una respuesta líquida: la adecuación. De
ese modo, escamoteamos el criterio. Nos engañamos. Para evitar el engaño,
miramos la realidad como pecado. La densidad del pecado (“venir en superbia”, Loyola)
impide la mirada líquida y requiere la conversión: sostener la mirada a una
posibilidad siempre más amplia. Requiere el todo y sin el todo no se contenta
(angustia en Kierkegaard). Loyola invita a contemplar al Dios que trabaja en
las cosas, pura donación gratuita, que es nuestra experiencia cotidiana: todo
es don. En la comunión con el absolutamente Otro, podemos en todo (y no en
parte) amar y servir. La mayor necesidad emerge con la rotundidad y densidad
del pecado.
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miércoles, 20 de junio de 2018
Toca elegir
Toca elegir para ser. No basta la contemplación de la realidad finita y
cambiante, puesto que nos encierra en sus límites y reclama adecuación. De ese
modo acallamos la angustia y enmascaramos nuestra libertad en la soberbia:
respondemos a la amenaza de caducidad de nuestro modo de vida, de nuestra
imagen, de nuestra Institución. La mera contemplación de la realidad puede
escamotear la posibilidad y su trascendencia (Kierkegaard). Al ponernos junto a la angustia, entonces nos
abrimos a la posibilidad. Sin la
posibilidad, nos quedamos con herramientas de adecuación. Nos exigimos la
contemplación de la realidad, pero no como mera realidad sino como lo Otro /
Real en lo que vivimos, en lo que somos relación. Así, al elegir, somos
personas elegidas. Las personas, al abrirnos a lo posible, sencillamente somos,
porque somos a lo que somos llamadas.lunes, 18 de junio de 2018
Finitud y fe
Nuestro
sistema nos hace introyectar la autoexplotación como autoperfeccionamiento
(Byung-Chul). Creemos crecer cuando solo nos acomodamos al tamaño en el que el
modelo nos necesita. Si no nos adecuamos, se nos expulsa. En términos
temporales, quedamos obsoletos. Por eso, la cualidad más apreciada es la que permite romper el compromiso
(Bauman). Eso es libertad: la reactividad automática e inmanente frente a la
propia caducidad. Kierkegaard apunta a la posibilidad. Mira hacia adelante con
sobrecogimiento. Evita el regateo siempre posible ante lo real cambiante y
finito. Propone un aprendizaje, una educación, desde la posibilidad trascedente
y la angustia de estar ante lo innegociable. La posibilidad y su angustia no
son la consecuencia de la finitud (caducidad) sino de la trascendencia. La
respuesta no es el acomodamiento en la finitud, sino la fe.domingo, 17 de junio de 2018
Educación y angustia
La educación experiencial dice que aprendemos por lo que la experiencia
nos muestra. Quien enseña, en realidad, acompaña el proceso de encuentro con la
realidad. Al encuentro llamamos experiencia. Para la pedagogía libertadora
(Freire) el encuentro acompañado es “toma de conciencia”. Kierkegaard atribuye
un valor determinante en el éxito del encuentro educador a la angustia y a la
fe. Se trata de una angustia del propio
ser, de la propia posibilidad de llegar a ser. La realidad aparece como el lugar
donde desplegar la posibilidad. La angustia se genera al contemplar esa
posibilidad. La angustia no se genera ante el límite que aporta el dato de
realidad, sino ante la posibilidad a la que abre ese dato. Por eso, Kierkegaard
no se arroja a la nausea (Sartre condenado a la libertad), sino a la fe: la
posibilidad de elegir bien para afirmarme, para ser.
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